domingo, 9 de octubre de 2016

"La Résistance"

(English version)

I feel dirty dressed like this, but at the same time powerful when I see them saluting me. They don’t know who I am and I pray for them not to find it out. At least, not before I achieve my goal. I need to control my breathing, as it could alert them of what I’m about to do. My qualities as a sniper will help with it. A misstep could ruin everything and, I would not forgive me that in life. I can’t let my beloved France down, neither can I fail the world, since from my mission depends that our allies open gap through Normandy, starting to win this damn war. And from my success also depends that the feeling of revenge that is inside me ends. The Geologist suffering, the remorse of not having being able to fence my husband properly with my precision rifle, falling victim of the Nazi “Parabellum”. The torture and sacrifice of my brother, or the death of my girls…
I have already crossed half way of the platform and they have not halted me yet. The disturbance made by Jeanne is working because nobody pays me attention now.
My heart is pumping more and more, since I’ve came into the fog and I know what is waiting for me as soon as I cross it. Yes, it’s there, I go for it!

The cigarette fell from the coronel lips when a couple of cushioned shots lodge in his chest, while a French shade disguised of Luftwaffe was disappearing at the end of the tunnel. The body of Hendrich lying on the floor was diming between spasms and gasps, but for when he could be found it would be too late.
Louise had accomplished the mission and Day “D” was now possible thanks to the determination of La Résistance, and also thanks to many people who gave their lives in order to achieve it, in which ranks were those makeshift women of the shadows. History will do the rest and Normandy will write with gold and blood Characters, a word … Liberté!

Pepe Gallego

(Translated by Ariadna B. Alonso)


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miércoles, 5 de octubre de 2016

"Redemption"



(English version)

–It destroyed me. All my innocence devastated by the one we were obliged to call father. All my childhood intimidated under the yoke oppression of a performed divine word, which was turning into a sin everything which could the question even minimally his crooked morality. But nevermore…
When I reached the age and had enough value to flee, I dragged my aching soul and punished body through the streets, leaving on my own and only this volume in my hands. I have learnt a lot since it happened and I could say I have received the knowledge it contains. I am pretty sure he is not going to share my point of view. Any of those ones who bumped into my life, those who had the Devil’s mark in their eyes, and all of them ended up receiving the odd doctrine I am carrying on my shoulders.

Now I am ready to visit the place which was my home and my prison as well. It´s now when I can say a prayer:
I beg your pardon , my Lord because I know what I am doing.

Úrsula got to the place with such cold eyes and that hateful look. Even the blunt gadget she used to give her particular salvation was coated by that hate. As she was approaching firmly to that figure in front of the altarpiece, the whispering from the sceptical people kept increasing. When the priest raised his eyes and saw, an awful feeling flooded his eyes.
–Hello father, can you remember me? –His hands weren't able to hold the holy chalice and it fell pouring The Christ’s blood on the communion table. 
–I am sure you do, I am here to expiate your sins –she points out to her Bible before sentencing:
–You will know the truth, and the truth will make you free –and squeezing the baseball bat she had until it rustled, she added– because you are going to die today...

Pepe Gallego

(Translated by Cristina Figueras)

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

"Redemption"

Me destrozó. Toda mi inocencia corrompida por aquel que se hacía llamar padre. Toda mi niñez amedrentada bajo el yugo de una interpretada palabra divina, que convertía en pecado aquello que cuestionara mínimamente su pervertida moral.
Pero nunca más…

Cuando adquirí la edad y el valor suficiente para huir, arrastré mi dolorida alma y castigado cuerpo por las calles, partiendo tan solo con lo puesto y este tomo en mis manos. He aprendido mucho desde entonces y he asimilado a mi manera lo que dice en su interior, pero estoy segura de que a él no le va a gustar mi forma de entenderlo, pues tampoco gozaron aquellos que se cruzaron en mi camino con la sombra del maligno en los ojos, y que acabaron probando la particular doctrina que en estos instantes apoyo en mi hombro.

Ahora, preparada para volver a entrar al templo sagrado que fue mi casa y a la vez mi cárcel, puedo elevar una plegaria: Padre, perdóname, porque sí sé lo que hago.

Úrsula entró al recinto con la frialdad inundando sus ojos y el odio enroscado en los dedos que sujetaban el contundente artilugio con el que daba su personal salvación. Se fue acercando con paso firme a la figura que estaba de pie ante el retablo, elevándose a su paso el murmullo de los sorprendidos asistentes. Cuando el párroco alzó la mirada, una desagradable sorpresa anegó sus agrandados ojos.
–Hola, “padre”, soy Úrsula, ¿te acuerdas de mí? Las manos del sacerdote, crispadas de tembloroso terror, perdieron la consistencia con la que agarraban el cáliz de vino, y este cayó sobre el altar derramando la sangre de Cristo.
Sí, ya veo que sí. Vengo a expiar tus pecados.
Úrsula señaló su Biblia antes de sentenciar:
Conocerás la verdad, y la verdad te hará libre y apretando el bate hasta hacer crujir su madera, añadió porque hoy vas a morir.

Pepe Gallego

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sábado, 24 de septiembre de 2016

"Red Alabama"


Yo estaba en la fiesta del pueblo, al igual que la mayor parte de los habitantes de Greenville, como usted ya sabe, sheriff, compartiendo este magnífico día. Me hallaba junto a una de las barracas que hace las veces de bar, apurando mi cerveza y observando entretenido cómo se las ingeniaban mis amigos para sacar a bailar a las chicas. De repente, a mi espalda surgió una voz aterciopelada:
- Eres demasiado guapo para quedarte sin bailar. -
Cuando me di la vuelta fui incapaz de articular palabra ante la extraña belleza de aquella chica de piel blanca nacarada, sedoso pelo negro y grandes ojos claros. Por si lo necesita para poder identificarla, llevaba puesta una camiseta de la bandera confederada, con cuyo extremo inferior jugueteaba sonriéndome. Pero como digo, había algo inusual en ella. Se diría que era una muchacha de unos veintitrés años, aunque su mirada era demasiado profunda. No sabría explicarlo, pero transmitía una sabiduría o experiencia que no iba acorde con su aspecto juvenil.
- Hola, soy Scarlett, ¿cómo te llamas? - me preguntó.
- Bobby - contesté estrechándole la mano.
- ¿Por qué no bailas conmigo? - me dijo.
- No sé bailar - me excusé torpemente.
- ¡Oh, vamos!, no seas aburrido. Mira a tus amigos, ellos se divierten - me reprochó señalándolos, y al darme la vuelta los vi a todos bailando excepto a Taylor, que se marchaba hacia los árboles seguramente para orinar y aliviar su evidente estado de embriaguez.
En ese preciso instante, por los altavoces comenzó a sonar el “Sweet home Alabama”, y pensé que los Lynyrd Skynyrd se sentirían defraudados si me acobardara y no sacase a bailar a la chica, pero cuando me giré para pedírselo ya no estaba. Miré desconcertado en todas direcciones, pero era como si se la hubiese tragado la tierra.

Tras unos minutos, reparé en que Taylor no volvía de la zona boscosa, así que fui a buscarle por si se quedaba dormido con la frente apoyada en un árbol como tantas otras veces. Pero cuando llegué, lo que vi me dejó completamente petrificado. Taylor estaba tumbado en la hierba y alguien se encontraba agachado junto a él como besándole. Pero luego el cuerpo de mi amigo comenzó a dar espasmos y convulsiones. Aún no lo había asimilado cuando Scarlett alzó la cabeza, posando su fría mirada en mí, se colocó el dedo índice de la mano derecha ante los labios, por cuyas comisuras goteaba sangre, o eso creo, y me indicó que guardara silencio.
Entonces eché a correr hacia acá y se lo he contado todo a usted, sheriff.
- Está bien, joven. Márchese a casa; yo iré con mi ayudante a echar un vistazo al lugar del suceso. -
En aquel momento, un ruido sordo y continuo en el techo de la comisaría cortó la conversación de ambos, antes de que una suave voz proveniente del sitio del golpe, dijera:
- Bobby, ¿no te pedí que te callaras?, - el rostro del chico adquirió el color de la cera - ¿por qué no me has hecho caso? -
- Sheriff, huya y sálvese - dijo el muchacho con voz resignada, y añadió ante la atónita expresión del jefe de policía - yo ya estoy muerto. Es Scarlett…

Pepe Gallego

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lunes, 15 de febrero de 2016

“El cuento de la abuela”


Eran casi las cuatro de la tarde. La niña, con el pelo alborotado, corría y saltaba por el salón. Su vitalidad contagiaba el ambiente y alegraba el par de ojos cansados que la observaban.
De súbito, la chiquilla se detuvo y, apartándose el pelo de los ojos, preguntó:
- Abuela, ¿por qué no me cuentas un cuento? -
- Pero nena, ¿qué podría contarte yo? -
- No sé, abuela. ¡Un cuento de castillos, de una princesa y un príncipe que se enamoran!
- ¡Pero niña!, ¿cómo sabes tú de esas cosas? -
- Abuela - dijo la pequeña poniéndose seria - mi mamá me ha contado el de “La bella durmiente”. -
- Ya veo - admitió esbozando una sonrisa entre sorprendida y picarona -. Bueno, te contaré uno que conozco, pero te advierto que no tiene castillos, ¿vale? -
- Vale - contestó la nieta alargando la primera sílaba en señal de conformismo, sentándose en la alfombra delante del sillón donde se encontraba la mujer. -
- Vamos allá…Érase una vez una muchacha casi tan guapa como tú, que trabajaba muchísimo. -
- ¿Y se llamaba como yo, abuela? - le interrumpió la niña, a lo que la mujer contestó tras sonreír:
- Sí, se llamaba como tú y como yo, y también era pequeñita como nosotras. Trabajaba de camarera. Cada día iba a ganarse la vida y de ese modo ahorraba para hacer lo que más le gustaba. -
- ¿Y qué era lo que más le gustaba, abuela? -
- No te impacientes, cariño - dijo acariciándole el pelo - y déjame que te siga contando. -
La niña se tapó la boca con las manos dando a entender que no interrumpiría más, y la abuela se echó a reír. Acto seguido, prosiguió.
- A aquella muchacha le encantaba viajar, así que se esforzaba para ser buena en su trabajo y que este no le faltase. Después de tantas horas tratando con el público, había adquirido bastante experiencia y sabía cómo servir a según qué tipo de personas.

Pero un día fue un cliente en el que no reparó en un primer momento. Solo era uno más de los muchos que iban al bar. Sin embargo, aquel hombre la contemplaba de un modo distinto mientras trabajaba, y cuando tenía que atenderle, él siempre se mostraba educado y simpático con ella. No debía ser algo extraño porque muchas personas lo eran, pero aquel joven la miraba diferente, pues en sus ojos había un brillo especial. -
- ¿Y cómo era, abuela?, ¿guapo? -
- Era alto y moreno. Pero no era demasiado guapo, aunque sí resultaba atractivo pues tenía algo que los demás no poseían, y era esa forma de mirarla.
El muchacho iba muy de vez en cuando al local, y ella empezó a ver que daba igual que fuese acompañado por amigas o amigos, pues él siempre la observaba. -
- Eso es porque al hombre le gustaba ella, abuela. -
- ¡Chiquilla, pero me quieres dejar contar el cuento! -
- ¡Ay!, es que quiero saber lo que pasa, abuelita. -
- Y lo sabrás, pero déjame continuar. Como te decía, Javier, que así se llamaba el joven, cuando hablaba con ella intentaba que se sintiese a gusto, y la chica, que era muy inteligente, se dio cuenta enseguida.

Cierto día, él se las ingenió para saber la dirección de su domicilio, y le envió una nota haciéndole un comentario sobre una anécdota de la que ambos se rieron la noche anterior. Pero Javier no recibió contestación. Tras un mes, volvió a hacer lo mismo, pero esta vez le dijo que quería tomar un café con ella para poder conocerla mejor. -
- Te lo he dicho abuela, porque le gustaba la muchacha - y tras la mirada reprobadora de la mujer mayor por haberla interrumpido de nuevo, la niña añadió - ya me callo, abuela.
- Pero él tampoco obtuvo respuesta esa segunda vez, así que esperó otros dos meses para enviarle otra nota bromeando pidiéndole que le contestara, porque tras su aparente seriedad era un hombre simpático y le encantaba reír. Pero por tercera vez se quedó esperando una réplica que nunca llegó, así que pensó que quizás la estaba molestando y decidió no enviarle nada más. Sin embargo, justo dos meses después de la última carta, se enteró de que ella tenía novio. -
- ¡Hala! - dijo la pequeña abriendo mucho la boca y poniéndose ambas manos en las mejillas.
- Sí, así es. Entonces él le volvió a mandar otra misiva pidiéndole disculpas, pues se sentía mal porque no sabía que tuviese pareja y le había dicho que deseaba conocerla. El muchacho estuvo semanas sin ir al bar, pues no quería incomodarla. Además, esperaba que al no verla, probablemente dejaría de pensar tanto en ella.

Finalmente volvió, y notó que la chica le recibió de una manera más fría que antes, por lo que entendió que seguramente había leído su último escrito. Era normal, ella tenía novio y él debía apartarse, como es lógico, por lo que aquella actitud distante de la muchacha fue aprovechada por el joven para comportarse como un cliente más, educado como siempre, pero sin mirarla igual que antes. Él pensaba que quizás era lo mejor. Pero ahora era ella quien le observaba, y a veces le contestaba de manera seca, como si estuviese enfadada con él.

Poco tiempo después llegó la Navidad, y mientras la joven besaba felicitando las fiestas a Malena y Josué, amigos de Javier y también clientes habituales, él guardó las distancias y tan solo le dijo un escueto “Feliz Navidad” mientras esbozaba una leve sonrisa.
Aquello disgustó bastante a la muchacha y cuando volvió a verle una semana después en la noche de fin de año, le trató con rostro serio y sin apenas mirarle. Javier, que era un hombre muy observador, se percató al instante, así que para no incomodarla más, la siguiente vez que se acercó a pedir una copa lo hizo por la otra parte del mostrador para que le atendiese otra camarera, al tiempo que ella no le quitaba ojo de encima con expresión malhumorada.

Cuatro días después, Javier recibió una llamada de su amigo Josué, en la que este le contó que la noche anterior había estado con Malena en el bar, y que la camarera se encontraba allí pero no trabajando, sino de celebración con otras amigas, y al parecer se acercó a ellos dos para preguntarle por él y hasta se justificó por no haber contestado las notas por correo que le envió Javier. Incluso dijo que no le importaría tomarse aquel café con él. Josué y Malena se quedaron muy sorprendidos. Pero Javier, a pesar de que sonrió al conocer la noticia, prefirió no decirle nada porque seguía esperando que le contestase directamente a él. Además, ella tenía novio, por lo que no le parecía ético volver a sacar el tema. -
- ¿Qué es ético, abuela? -
- Es cuando haces lo moralmente correcto. -
- No lo entiendo. -
- A ver cómo te lo explico…Es como cuando os llevo un pastel a ti y otro a tu hermanito. ¿A que no está bien que le quites a él su pastel? -
- No, abuela, no está bien. -
- Pues eso es ser ético, hacer lo que piensas que es lo correcto. -
- ¡Aaaah! - exclamó la niña.
- Pues como te decía, Javier decidió no decirle nada, pero al saber que ella había preguntado por él, sin darse cuenta comenzó a crecer de nuevo en su interior el interés por la chica.
La muchacha, cada vez que él iba al bar, hacía todo lo posible por entablar conversación. -
- ¡Abuela!, ¿entonces a ella le gustaba Javier? -
- Pues…-
- Él no se llamaba Javier, sino José - interrumpió un hombre mayor entrando en la estancia.
- ¡Anda!, ¿tú también te sabes ese cuento, abuelo? -
- Claro que sí - dijo este sonriendo y guiñando un ojo a la mujer.
- Pero abuela, no me has contestado. ¿A la muchacha le gustaba Javier?...Digooo, ¿José? -

En ese momento, el sonido rítmico de un claxon en la calle hizo brincar a la chiquilla, que gritó en dirección a la puerta:
- ¡Mami! -
La abuela se rio negando con la cabeza y diciendo:
- Mírala, qué loquilla es, no para. -
- ¿Y de qué te extrañas?, ha salido a su abuela - dijo el anciano mirándola de soslayo con un brillo especial en los ojos. -
La chiquilla se volvió antes de salir del salón y dijo:
- Abuela, mañana me terminas de contar el cuento, ¿vale? -
- Sí, cariño, te lo contaré, pero solo si me das un beso. -
La niña anduvo rápidamente el camino de vuelta hacia su abuela y se abalanzó sobre ella dándole un fuerte beso en la mejilla.
- Anda, ve con mamá - y la chiquilla corrió alocada de nuevo hacia la entrada de la casa diciendo:
- ¡Hasta mañana, abuelita! -
- Hasta mañana, Noelia - contestó la abuela sonriendo a la vez que apoyaba la cabeza en el pecho de su esposo, mientras José la rodeaba lentamente con el brazo.

Pepe Gallego


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martes, 12 de enero de 2016

"Hoja Verde"

Escrita para Origen Art, con ilustración de Fran Galán y figura de Pedro Fernández.


Nos estábamos abriendo camino a través de arbustos y retorcidas ramas de manera despreocupada, cuando un raudo resplandor cobrizo destelló ante nuestros ojos a la luz del atardecer. Frenamos en seco nuestro ímpetu al ver de sus atléticas piernas aterrizó sobre la roca desnuda a solo unos metros de nuestra posición.
Tras haber reparado reparamos en su apariencia física, comprendimos que nos hallábamos ante la legendaria guardiana del bosque de la que se contaban tantas historias, pero no creímos que existiese hasta aquel instante.

La vista de ella, que se mantenía fija en mí, viró ligeramente hacia mi izquierda y negó con la cabeza, por lo que ya intuí lo que sucedía.
- Ni se te ocurra terminar de desenvainar esa espada - insté a mi compañero sin siquiera mirarle, y es evidente que acató mi orden porque los ojos de ella volvieron a centrarse en mí.
- Esta es la zona prohibida y no tenéis derecho a entrar - fueron las palabras que llegaron a mi mente, aunque sus labios no se movieron ni un solo milímetro.
- Sabes que necesitamos atravesar el bosque, mi señora, no podemos perder el tiempo rodeándolo, nos llevaría semanas - le contesté hablando.
- Vuelve sobre tus pasos y busca a Brand, - me hizo saber telepáticamente - si consigues encontrar su refugio, derrotarle o convencerle para que te dé su sello, yo misma te indicaré el sendero para llegar al otro lado. -

- Pero…- quise quejarme, sin embargo al mirar sus ojos entendí que no aceptaría otra propuesta, así que di media vuelta e indiqué a mis compañeros que retrocedieran en dirección al camino por el que nos habíamos abierto paso hasta allí. Me giré una vez más para contemplar su bello e inmutable rostro, que en décimas de segundo modificó levemente para dedicarme una media sonrisa antes de saltar hacia atrás y perderse en la espesura.


Pepe Gallego


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viernes, 18 de diciembre de 2015

“Sacrifice”




Escrita para Origen Art, con ilustración de Fran Galán y figura de Pedro Fernández.


Extasiada, así es como me siento. Ver el cuerpo desnudo y paladear el sabor dulzón de su sangre, me

rebosa de placer hasta hacer que me muerda el labio.
Él pensaba que mi sensualidad le llevaría a la experiencia sexual más intensa de su vida. Pobre iluso, qué
equivocado estaba...
No puedo creer su ingenuidad, ¿acaso es normal que una mujer te aborde en mitad del bosque para
entregarse tan fácilmente a los placeres carnales?
El muy idiota y vanidoso pensaba que su físico era demasiado irresistible, que caería rendida a sus pies.
Su confianza fue en aumento cuando lo introduje en el santuario, lo acerqué a la luz que las vidrieras
proyectaban rompiendo las lúgubres sombras, y le provoqué para que me arrancara violentamente el
vestido. Ver mi cuerpo despojado fue el toque definitivo para que su mente se obnubilara y su erecto
miembro pensara por él. Ni tan siquiera reparó en lo que nos serviría de improvisado lecho. Se confió y ese
ha sido su final. 


Ahora yace muerto sobre el altar de sacrificios, donde he dado rienda suelta a mi daga de
hoja flamígera para destriparlo, para abrirlo en canal.
El sacrificio ha sido consumado, los dioses recompensarán mi alma y un nuevo colmillo será engarzado en
el ensangrentado colgante que pende entre mis manos.

Pepe Gallego


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