viernes, 18 de diciembre de 2015

“Sacrifice”




Escrita para Origen Art, con ilustración de Fran Galán y figura de Pedro Fernández.


Extasiada, así es como me siento. Ver el cuerpo desnudo y paladear el sabor dulzón de su sangre, me

rebosa de placer hasta hacer que me muerda el labio.
Él pensaba que mi sensualidad le llevaría a la experiencia sexual más intensa de su vida. Pobre iluso, qué
equivocado estaba...
No puedo creer su ingenuidad, ¿acaso es normal que una mujer te aborde en mitad del bosque para
entregarse tan fácilmente a los placeres carnales?
El muy idiota y vanidoso pensaba que su físico era demasiado irresistible, que caería rendida a sus pies.
Su confianza fue en aumento cuando lo introduje en el santuario, lo acerqué a la luz que las vidrieras
proyectaban rompiendo las lúgubres sombras, y le provoqué para que me arrancara violentamente el
vestido. Ver mi cuerpo despojado fue el toque definitivo para que su mente se obnubilara y su erecto
miembro pensara por él. Ni tan siquiera reparó en lo que nos serviría de improvisado lecho. Se confió y ese
ha sido su final. 


Ahora yace muerto sobre el altar de sacrificios, donde he dado rienda suelta a mi daga de
hoja flamígera para destriparlo, para abrirlo en canal.
El sacrificio ha sido consumado, los dioses recompensarán mi alma y un nuevo colmillo será engarzado en
el ensangrentado colgante que pende entre mis manos.

Pepe Gallego


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"Sacrifice" by Pepe Gallego is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

viernes, 16 de octubre de 2015

“Sirena”

Escrita para Origen Art, con ilustración de Fran Galán y figura de Pedro Fernández Ramos.

Subida en lo más alto de las ruinas del herrumbroso buque, el cual se había convertido en su particular atalaya, dominaba el oriental Mar del Diablo. Un inhóspito lugar para los hombres y que para ella constituía su hogar. 
Cuando les divisaba en sus barcos, presumiendo de osadía al adentrarse en aquel legendario territorio acuático, la abordaban sentimientos encontrados. Un odio indescriptible hacia ellos le recorría desde la aleta dorsal hasta lo más profundo de sus entrañas. Pero también un apetito voraz. Sí, le encantaba el sabor de la carne humana y no iba a permitir que ninguno de ellos escapase con vida. Todos acabarían convirtiéndose en víctimas, nuevas muescas que plasmar en la parte posterior de su oxidado promontorio.
Mientras pensaba en ello, les observaba faenar en sus cascarones y se relamía de gusto tan solo de imaginar el exquisito bocado que le esperaba. Lo que más le gustaba era rodearlos con su larga y musculosa cola y arrastrarlos a las profundidades, al tiempo que les veía debatirse entre el ahogamiento y el horror de ser devorados vivos.

Nunca debieron surcar aquellas aguas, jamás hubieron de entrar en sus dominios. Ahora ya era tarde. Aquellos infelices ni siquiera se habían percatado de su presencia, y ya estaban condenados. Y en caso de ser vista, su sinuoso canto sería suficiente para hacerles bajar la guardia. Después, solo comprenderían su destino cuando sus fauces les desgarraran la piel. Ya no tendrían escapatoria.

Reparó en un marinero apartado del resto, que trabajaba distraído, y decidió que él sería su primera presa. Preparándose para atacar, la ferocidad fue inundando su cuerpo. Sus uñas, rasgaron la estructura retorciendo el metal.
Aquel muchacho ya estaba muerto, pero aún no lo sabía…

miércoles, 15 de julio de 2015

“Volver”



¿Oyen eso?... ¿No?... Es el silencio, el sonido del vacío a mí alrededor. Un aire estancado que sin oler, apesta. El solo hecho de buscar retraerme en las sombras ante el abrasador fuego de la cruel e impasible mirada ajena, resulta tan lamentable como necesario. Hastiado de tanto caminar sin rumbo, cansado de volver una y otra vez la vista hacia atrás, con la esperanza de encontrar las miguitas de pan que antes me llevaban por un camino de baldosas amarillas devorado por la pérdida, la falta de previsión, las malas decisiones y, por qué no decirlo, del dulce beso de quien dice adorar tus miedos, y cuando llega el momento de la verdad, lo dulce se convierte en ácido sulfúrico que te corroe con falsos reproches, para justificar ante la conciencia una estampida cual bisonte asustado.

Y la ayuda…esa falsa ayuda que busca no dejarte salir del agujero, escenificando con manos untadas en aceite un resbalón disimulado que no te permita escapar de las tinieblas y seguir obteniendo réditos de tu desgracia.
Dicen que al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Qué razón más grande, pues hasta la más insospechada de las criaturas es capaz de intentar levantar su autoestima buceando en el interior de tus ojos, mientras busca el horizonte de otra mirada opuesta y congelada que permanecerá, pero que nunca estará.
La vida tiene estas cosas y aprender de ello es lo más inteligente, ya que derivar culpas es la excusa de los mediocres, de los llorones sin autocrítica a sus propios errores, o dicho con otra definición tan fea como certera, de “los mierdas”. Y no, quiero pensar que ese no es mi rol…

Sin embargo, puede que convenga más alinearse de otro lado, por oscuro que sea, pues quizás y solo quizás, sea el camino más directo para encontrar las miguitas de pan de aquel camino esplendoroso, haciendo bueno el vetusto dicho que pregona que “el fin justifica los medios”.
Mientras divago, rumiando todo esto adentrándome en esos insondables y oscuros túneles de conciencia buscando la manera de iluminarlos, continúo serrando unas amarras cada vez más deshilachadas, pues ya se acerca a pasos agigantados ese día en que sea liberado del dolor invisible que ellas me infligen, tras lo cual mi mirada felina volverá a rugir con la fiereza de quien fue torturado y herido de muerte… y sobrevivió.

Pepe Gallego

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"Volver" por Pepe Gallego se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

jueves, 18 de junio de 2015

“Abdel Rashid”

(Traduction by Cristina Figueras)
(Illustration by Fran Galán)
(Sculpture by Pedro Fernández Ramos)

The soft breeze of dawn ruffled the rebellious mane of hair, half
trapped under the folds of the turban, while his amber eyes allowed the horizon that was letting the first rays of sun break through, to bathe them. He was absorbed in the beauty of his land, the one that saw him grow up among dunes and high crags, like the one on which he now stood. He thought about his people, those people forged in the adversity of a difficult world, where famine and conflicts of interests went hand in hand. Hostility that, as the merchant of salt and guardian of his own people that he was, he found himself obliged to defend. Although more than an obligation, it was quite an honor, because he felt himself deeply rooted in his fellowmen and, in turn, amply valued by them.


Nature had played a strange role, because it had provided his race, a simple lineage of lions, with the unusual evolution to stand up on two legs and to reason through language. There was controversy about it within his own tribe, as there existed a series of old lionesses that coined the convinced notion that an ancestral curse had provoked this evolutionary aberration. Anyhow, that’s the way he was an, as everything else, it had its advantages and inconveniences. Physically he was superior to the majority of rivals who wanted to approach those he protected in the negotiating conclave, or he who dared to cross the minimal barrier against his people, as he would undoubtedly taste the ardor of the cutting edge of his dagger.
But they were also victims of the usual social rejection that entailed being a strange mixture between man and lion, a hybrid that provoked distrust in the human race.

Meditating about it, his extraordinary sense of smell detected remnants of the sweetish scent of blood. He focused his sight towards the semi-darkness of the valley where the sun had not yet flooded it with light, and he discerned a figure that was advancing, stumbling because he was probably wounded.

A far off splendor coming from the northern plains announced the sound of a shot. The salt merchant looked at the figure again, which fell slowly to the sands. With his customary agility, Abdel went down the cliff, jumping from rock to rock in order to look at the victim thoroughly. Once he was a little closer, his heart skipped a beat when he saw that it was his best friend, and a heartrending roar broke the calmness of the beautiful landscape that he had been contemplating only moments before.

Pepe Gallego

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Abdel Rashid por Pepe Gallego se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://www.origenart.es/index.php/tienda/miniaturas/abdel-rashid-detail.

viernes, 5 de junio de 2015

"Kainda, the cheetah woman"


(Traduction by Cristina Figueras)
(Illustration by Fran Galán)
(Sculpture by Pedro Fernández Ramos)



- Hunters’ daughter. My name was willingness and an intent he was not able to discover. He led and perpetrated a gratuitous multiple murder just for pure pleasure. He really thought that taking me in beneath his hierarchical mantle would be enough to make me erase those terrible memories. My sister, my parents , my unfortunate younger brother!!, he was just a vulnerable cub......
All of them fighting bloodstained, smashed under his jaws and claws...there was impossible to forget, how cold I do it?

But he made a mistake, he tried to win my eyes. He was not able to kill me at last. He adopted me and brought me there with his family, his clan, whose members I got to recognise as mine, my brothers and the ones that treated me with esteem and respect.

For years, I acquired hunting skills such as approaching my preys with stealth, or following trails. I even learnt how to assault my victims and where.
They helped me to improve my skills but they were not able to see the threat that was hovering over their heads...
My hard feelings relating my family loss never gave me up but it was too late when he could notice it.
His last sight he had was my thirst for vengeance as well as his own blood splashing my face as my chert spear was cutting his neck off in a grotesque way.
My adoptive father, that lion king I really got to appreciate, stopped existing, died. Even today, his vivid memory hangs from my leg as spoils of war, as a real trophy while his progeny still keeps on trying to capture me.

Three of them have already dropped dead and I really can smell the panic they are feeling. The fourth has not realized yet about the fact that he would be the next and he has no clue how close his ending is. I can’t get used to the idea of killing those who were my herd brothers, but if I had any doubt , any empathy I just rub the slave ring they tied to my neck since the very beginning and that was the main difference among us for ages. At that moment, I recognise telling myself I am Kainda, hunters´daughter. -


Boasting about the stunning speed nature has provided, the cheetah woman appeared from the brush, her untamed mane drawing the dizzying turn her legs had marked on the rocks, while the chert within her spear was currently ripping deadly the air in search of her astonished adversary.

Pepe Gallego

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domingo, 26 de abril de 2015

“Oscuro despertar en Santa Cruz”


Guille corrió cuanto pudo, pero siempre que se paraba a mirar no tardaba en verle venir hacia él con la misma determinación con la que le observaba durante el show de Halloween. Aquel encapuchado no formaba parte del espectáculo.

Del frío de la noche y el jadeo entrecortado del muchacho, emergían densas columnas de vaho.

Se asomó a la esquina de la Calle Cruces con Ximénez Enciso, pero ya no le veía venir. Comenzó a respirar aliviado atravesando la estrecha Calle Mariscal, y al salir a la Plaza de los Refinadores notó cómo se le erizaba el vello de la nuca, adquiriendo su rostro un tono cetrino. Había vislumbrado al siniestro ser ante él. Una fuerte punzada en el cerebro fue lo último que sintió.


*      *      *      *      *      *


–Sí, yo le conocía, –comentaba Raúl– pero nunca pensé que haría algo así. -
La reportera se giró hacia la cámara de Andalucía Directo y dijo:
–Despedimos la conexión desde el Barrio de Santa Cruz, con este testimonio de un amigo de Guille, el trastornado chico que ha colmado de tinieblas el habitual despertar soleado de los sevillanos, que se han desayunado con esta trágica noticia; un muchacho disfrazado de encapuchado, que ha asesinado a su propia familia esta pasada noche de Halloween.

Pepe Gallego

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lunes, 13 de abril de 2015

"El último andaluz"


A quien pueda interesar:

28 de Febrero de 2194, los últimos estertores del siglo XXII y puede que de la humanidad. 
Heme aquí en la calle Sierpes, lo que antaño era una bulliciosa calle sevillana plagada de tiendas y visitantes, convertida ahora en un pasaje del terror sembrado de cadáveres y escombros calcinados. Me encuentro apoyado en una derruida pared en sombras, tratando de no hacer ruido y escribiendo estas mis últimas líneas. Ella se encuentra sobre la Giralda, monumento que ha tomado como cuartel general, pero su oído es tan fino que podría escucharme desde esa distancia si no ando con sigilo.

Hace meses que no se nada del exterior, tanto ciudades españolas como de cualquier otro país. Ya no llega ayuda humanitaria, probablemente porque las criaturas atacan a los aviones en pleno vuelo y las autoridades han debido decidir que es demasiado arriesgado venir, o bien porque no queda nadie para poder prestar ese apoyo. Sea como fuere, estoy solo. Los pocos que quedaban luchando han ido pereciendo; unos abrasados, otros comidos vivos o simplemente por inanición. Ella y su prole lo han destrozado todo. Una progenie que finalmente cayó gracias a un grupo de osados escoceses que llegaron en mi auxilio bordeando Portugal en un pequeño barco pesquero, remontaron el río Guadalquivir desde Sanlúcar de Barrameda durante la madrugada, y consiguieron combatir hasta abatirlos a base de emboscadas. Pero ella era demasiado astuta y no tuvieron la más mínima oportunidad.


La ciudad arrasada, las calles cubiertas de ceniza, las comunicaciones anuladas, los vehículos inservibles, la población exterminada…Eso es lo que veo cuando miro a mi alrededor, y todo gracias a un imbécil que quiso jugar a ser Dios en el interior de un laboratorio de genética. Pudo haber creado una cura para el cáncer, pero prefirió ganarse la gloria trayendo a la vida a una criatura que sólo existió en las leyendas y en los cuentos, un dragón. O mejor dicho, una hembra de dragón, porque hasta para eso fue estúpido el científico, pues la creó sin pensar en la consecuencia que supondría no poder controlarla. Cuando escapó y se dieron cuenta de que se estaba reproduciendo sin necesidad de un macho, ya fue demasiado tarde para enmendar el error. El hombre, como siempre, es su mayor enemigo, sin duda. Pero ya de nada sirve lamentarse, ella está en la cima de la cadena alimenticia y nosotros somos sus presas. 

Hace semanas que no veo a nadie, debo ser el último humano de la ciudad, quizás de toda Andalucía, España o el mundo. No hay manera de saberlo.
Ahora, una vez consumidos mis recursos nutritivos, solo queda una cosa por hacer: Me acercaré a ella todo lo posible tratando de no alertar de mi presencia, y me lo jugaré todo a una carta. No puedo permitir que se vuelva a reproducir porque sería hombre muerto, aunque puede que igualmente lo termine siendo si fracaso en mi desesperado intento por aniquilar a semejante monstruo.
Quizás no logre mi objetivo, pero prefiero perecer atacando a ocultarme hasta morir de hambre, o peor aún, huir como un maldito cobarde. Además, aunque llegado a este punto probablemente esto ya no importe, aún queda un andaluz que recuerda qué día es hoy, 28 de Febrero de 2194.

A quien pueda interesar, aquí dejo mi última carta junto a mi documento de identidad, pues si no vuelvo me gustaría marcharme de este mundo pensando que hallaréis esto, y sabréis que aún quedaba alguien con las suficientes agallas para luchar por el futuro de una humanidad que se ha inmolado en la vanidad de llegar demasiado lejos.

Pepe Gallego

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"El último andaluz" por Pepe Gallego se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.