martes, 19 de noviembre de 2013

"Sin aliento" (Capítulo VI)

Capítulo.6 - “El manto blanco”




Eddie inició la carrera de vuelta hacia la cabaña al ver que Brandi encañonaba a Bubba. Ese hombre le había rescatado cuando andaba perdido por el bosque, le llevó al refugio, le suturó la herida y facilitó su huida por la puerta de atrás que conducía a las montañas. Estaba decidido a hacer algo para ayudarle, así que antes de llegar a la parte trasera de la cabaña cogió una piedra del suelo para lanzársela a Brandi, y de este modo al menos crear un momento de confusión para que Bubba pudiese tener una oportunidad de escapar o dar la vuelta a la situación. Pero la cosa se complicó al ver que Chazz se acercaba desde los lindes del claro. Oyó los reproches de Brandi y entendió que el amasijo negruzco que segundos antes estaba completamente envuelto en llamas, era el tal Marvin. Aquel cabronazo había sido el principal artífice de que ahora él fuese la presa de esa demencial cacería, pues según le confesó antes de que le lanzaran ladera abajo, le eligió en el bar de carretera. Quizás lo que estaba pensando ahora le convertía en más inhumano, pero la realidad era que no sentía la más mínima lástima por ese tipo convertido en improvisada y chamuscada barbacoa.
Inmerso en aquellas elucubraciones, echó una ojeada rápida tras de sí, porque le inquietaba no haber visto aún al del gorro de cowboy. Los tres disparos le sobresaltaron, y al mirar esperando ver a Bubba como un colador, sus ojos se desorbitaron al observar a Brandi caer al suelo abatida por la pistola de Chazz. Pero lo más sorprendente llegó al escucharles hablar. No solo lo habían preparado todo para librarse de sus compañeros antes de que pudieran irse de la lengua, sino que el cowboy había caído víctima a partes iguales por Shelby, a la que Brandi había conseguido herir pero que aún continuaba con vida, y de la crueldad de Chazz. También oyó que el indio debería haber sido el tercer componente de ese trío para cazarle, por lo que la pizca de misericordia que llegó a concebir tras su dantesca muerte a garras y fauces de la osa, desapareció al instante.
Eddie sentía la ira producida por el engaño de Bubba, y se maldecía a sí mismo por haber sido tan ingenuo. Lo que no entendía era por qué el guardabosques no lo mató en el acto. Tras unos segundos de reflexión, llegó a la conclusión de que quizás le era útil para atraer la atención de los otros e irlos eliminando. Una especie de conejillo de indias, ese había sido hasta el momento su papel. Al menos, era una teoría.
Negó con la cabeza, como sacudiéndose esos pensamientos, respiró hondo y trató de dejar a un lado su indignación para volver a pensar con la mente fría.
Por lo que acababa de oír, ahora irían a por él, pero se creían tan seguros de sí mismos y sus capacidades para darle caza, que antes decidieron dejar la horrenda escena lo más limpia posible de pruebas, así que disponía de unos minutos para huir. Bubba se vanagloriaba de haberle enviado hacia las montañas donde podrían acorralarle, por lo que Eddie sopesó rodear el lugar y volver por donde había venido. Pero entonces recordó que no solo no conocía la zona por la que debía volver y aún menos de noche, sino que otra amenaza podría asaltarle por esos parajes, Shelby. Así que descartó esa idea y prefirió correr lo más rápido posible hacia las montañas. Quizás encontrase una cueva en la que cobijarse de la fría noche de Chugach, descansar un poco para recobrar fuerzas, trazar un plan y continuar antes de que aparecieran las primeras luces del día, pudiendo ver mejor tanto el terreno como a sus perseguidores.
Ellos eran experimentados cazadores, sabían cómo seguir un rastro y además conocían el territorio perfectamente, por lo tanto y aunque la oscuridad no beneficiaba a nadie, siempre serían más efectivos que él. Pero si lograba darles esquinazo durante las horas nocturnas, podría tener una mínima oportunidad de escapar de aquella pesadilla por la mañana.

Sumido en esos pensamientos que pululaban a toda velocidad por los entresijos de su mente, se percató de que había dejado de llover, y eso era un arma de doble filo. Por un lado, la lluvia ralentizaba lógicamente su escapada, por lo que constituía una buena noticia el que dejara de arreciar. Sin embargo, también estaba el contrapunto. Al parar de llover, sus pisadas en el blando firme no se difuminarían, con lo cual les resultaría más sencillo seguirle el rastro. Sea como fuere estaba jodido, así que su única prioridad ahora mismo era poner pies en polvorosa y alejarse del refugio para sacar toda la ventaja que sus jóvenes piernas pudiesen proporcionarle.
Automáticamente le vinieron a la cabeza las palabras de Chazz diciéndole:
“Aquí tus cualidades de jugador de fútbol americano no te servirán de nada”.
Por lo pronto, su entrenado cuerpo le había servido para mantenerse con vida, y eso ya era mucho.
Dándole vueltas a ese hecho, continuó su travesía entre tinieblas por el escarpado terreno.



* * * * * *


- ¡Ufff, cómo huele el condenado! - comentó Bubba tras depositar lo que quedaba del cuerpo de Marvin junto al de Brandi, oculto tras un talud de tierra y sobre el que colocó unas ramas con abundantes hojas.
- ¿Qué esperabas?, está achicharrado. -
- Ya…Bueno, ya hemos terminado. Es momento de ajustar cuentas con ese malnacido. -
- No te preocupes, le encontraremos pronto. El sendero que ha tomado le guía hacia la ladera este, aparte de que ahora sin lluvia será más fácil seguir sus huellas. -
- ¿Y si le da por rodearnos y volver por dónde vino? - preguntó Bubba rascándose el mentón pensativo.
- ¿Bromeas?, es de noche y vio cómo la osa se zampó al indio, ¿tú crees que sería capaz de adentrarse en ese territorio? Será inexperto, pero no imbécil. -
- No, supongo que tienes razón. -
- Claro que la tengo. Apuesto lo que sea a que estará intentando alejarse lo máximo posible de nosotros y buscar una cueva donde pasar la noche. Debe estar exhausto, hambriento y muy asustado. Ni siquiera sabe los que somos persiguiéndole. -
- En eso creo que te equivocas, mira - le contradijo Bubba señalando al suelo cuando iniciaban el sendero tras la cabaña.
- Sus huellas vuelven y de nuevo se van - comprobó Chazz.
- Exacto. Es probable que me viese encañonado por Brandi y tuviera la intención de echarme una mano. -
- Sí, pues se arrepintió. Seguramente ya sepa lo que ha ocurrido y eso nos da dos respuestas, una mala y otra buena: La mala, sabe que somos dos los que le perseguimos, por lo que ese factor sorpresa se ha esfumado. Y la buena, que nos lleva mucha menos ventaja de la que pensábamos, estas huellas son muy recientes. -
- Vamos, no hay tiempo que perder. Él se mueve más torpemente que nosotros por aquí. Si apretamos el paso le recortaremos distancia con facilidad. Andando - y Bubba se adentró con paso firme por el sendero, seguido de Chazz.



* * * * * *


Tras dejar de llover, la temperatura había bajado de manera drástica y el frío comenzaba a atenazar el aparato locomotor de Eddie. Hacía un rato que ya no transpiraba por el esfuerzo del avance, y el sudor que llevaba adherido a su camiseta interior le estaba helando el torso. Cada cuarenta o cincuenta metros, echaba una ojeada hacia atrás intentando de cerciorarse de su ventaja. Seguía sin ver ni oír nada, aunque en realidad no sabía qué era peor.
Un trozo de hierba se desplazó bajo su pisada y el muchacho resbaló lateralmente, cayó al suelo y de inmediato clavó sus dedos como garfios en el barro tratando de no deslizarse ladera abajo. No sin esfuerzo, recobró la verticalidad y notó la frialdad del pantalón empapado contra la piel. Su aliento entrecortado desprendía pequeñas ráfagas de vaho que se elevaban y difuminaban en la absoluta oscuridad reinante.

De pronto, algo frío rozó su mejilla. Miró hacia arriba y aquello golpeó suavemente la negra piel de su rostro por varios puntos. En ese momento comprendió que avanzar se hacía cada vez más difícil y peligroso, pues si aquellos copos de nieve subían su ritmo de precipitación y lo pillaban en mitad de algún punto oscuro, máxime con el agravante de su total desorientación, el problema podría ser mucho peor que el de sus perseguidores. Además, estaba cansado, hambriento y le dolía una barbaridad el hombro.
Convencido de que refugiarse era la mejor alternativa, miró a su alrededor hasta donde la oscuridad permitía ver. Forzando todo lo que pudo la vista, a unos cien metros más arriba vislumbró la silueta que parecía pertenecer a una parte rocosa de la pared de la montaña, que seguramente albergaría alguna cueva. Al menos esa era su esperanza, porque de no ser así se vería obligado a permanecer a la intemperie, lo que le reservaba un lugar casi asegurado en la congelación.

Resoplando, alcanzó la zona y vio con satisfacción que aunque equidistantes entre sí, había grietas que se adentraban en el peñón, unas más anchas, otras más estrechas, unas apenas servían como cornisa o tejadillo, otras parecían tener bastante profundidad… En definitiva, había hallado lo que necesitaba, pero ya no estaba tan claro lo que podía alojarse dentro.
Su primera intención fue entrar en la más amplia, pero desechó la idea cuando pensó en Shelby. Si la cueva era grande podría encontrarse a un oso, ya fuese la osa o cualquier otro ejemplar de su especie, aparte de que era más fácil localizarle en un lugar cuya entrada dejaba ver el interior, y eso sin contar que a mayor amplitud se colaría más viento frío.
Y aunque estuviese vacía, otro animal de grandes proporciones podría estar buscando una cueva así y sorprenderle durante la noche. Sea como fuere, era un riesgo que no merecía la pena correr, así que anduvo junto a la pared de piedra hasta que un par de minutos después encontró lo que quería. La abertura era más pequeña pero se accedía sin problemas.
Cuando ya casi había entrado, algo le impulsó a detenerse. Un nauseabundo olor proveniente del interior de la cueva, le hizo taparse la nariz y la boca con la mano. Tuvo que hacer un sobreesfuerzo para no vomitar. El pestilente hedor era tan intenso, que Eddie tuvo que salirse un momento de la cueva y respirar el frío pero limpio aire del exterior. Pensó en marcharse, pero era una pena dejar aquella cueva que parecía ser el lugar perfecto. Durante unos segundos maduró la idea de que quizás lo que se encontraba dentro era el cadáver de un animal muerto, y si este no era muy grande, trataría de sacarlo de allí y quedarse en la cueva en cuanto se renovase unos minutos el aire. Se decidió a acercarse de nuevo a la abertura, conteniendo esta vez la respiración, y oír si efectivamente no había ningún animal dentro.
Una mezcla de curiosidad y desconfianza le hicieron decir un absurdo “hola”, como si fuese a haber alguien que le respondiese en el interior de esa gruta. Y sí que recibió una respuesta, la de su propio eco. Se dijo a sí mismo que tanta desconfianza empezaba a convertirle en un ser pusilánime, por lo que dio un paso adelante, pero tan pronto lo hizo un chillido ensordecedor le hizo retroceder tapándose los oídos con ambas manos. Como una siniestra avalancha, cientos de aleteos surgieron de la oscuridad avasallando al chico, que se apartó de la grieta cayendo hacia atrás en el húmedo barrizal, mezcla de tierra, agua y una fina capa de nieve que comenzaba a asentarse. Una brizna de luz de luna que atravesaba tímidamente las nubes, fue suficiente para ver cómo una bandada de zorros voladores, una especie de murciélago que con las alas extendidas alcanzaban el metro y veinte centímetros, salía en estampida al exterior dando síntomas inequívocos de su enfado al ser molestados del confortable descanso que disfrutaban en su morada. Eddie se cubría la cabeza con los brazos, pues fue literalmente desposeído de su gorra de los Detroit Lions, que se perdió en la oscuridad.

Pasados unos segundos de confusión y hasta miedo, el muchacho escuchó cómo el sonido de
batir de alas y chillidos de los últimos quirópteros se alejaba.
- ¡Me cago en los putos bichos! - dijo alzándose del suelo sacudiéndose los pegotes de barro y nieve.
Tras recomponerse y desechar automáticamente la maloliente cueva, pues era evidente que estaría cubierta de los excrementos de los murciélagos y que tan mal olor le daban, continuó adelante. Tardó poco en encontrar otra grieta que le pareciese adecuada. Esta era muy estrecha, bastante más que la anterior. Eddie asomó la cabeza, escuchó y volvió a decir eso de “hola”, pero más tímidamente y apartándose de inmediato hacia un lado por si acaso. Pasaron unos tensos segundos en los que nada se oyó. Repitió la operación aunque esta vez con voz más alta y grave. El silencio por respuesta es lo que recibió.
Miró atrás, pues hacía rato que no se aseguraba de que estaba solo. Seguía viendo únicamente oscuridad y ni rastro de los indeseables Chazz y Bubba. Titubeó un momento, respiró hondo y fue a entrar. Se tuvo que quitar la mochila e introducirse de perfil para pasar por la abertura, y aun así entraba muy justo. Al pisar el interior, notó el suelo desprovisto de hierba pero parecía estar seco, aunque no veía absolutamente nada. En ese instante recordó el pedernal, pero no sabía si se lo habían quitado cuando le registraron. Introdujo la mano en el macuto, y tras unos instantes palpando, resopló con alivio al notar el frío metal del artilugio.
El chico era consciente de que prender un fuego podría prolongar ese resplandor fuera de la cueva y dar una pista de su ubicación exacta, pero no tenía más remedio que encenderlo para calentarse y secar su ropa o moriría de frío esa noche, que traía consigo la primera nevada de la temporada y además elevaba cada vez más su cadencia de precipitación. Esta, unida al viento racheado que se estaba levantando, comenzaba a componer un panorama más serio de lo esperado. No en vano, las montañas Chugach colindaban con las de Wrangell y San Elías, en lo que era denominado como “El reino de montañas de América del Norte”. Y no era para menos, pues nueve de los dieciséis picos más altos de Estados Unidos se encontraban entre esta unión de cordilleras, incluido el propio Monte San Elías con 5.489 metros, o el propio Monte Wrangell, uno de los volcanes activos más grandes del país. Eso sin contar el glaciar Nabesna, de 128 kilómetros de extensión, una maravilla de la naturaleza como el Hubbard, que es un enorme glaciar de mareas, y también el mayor glaciar no polar de América del Norte como es el Malaspina. Pero a Eddie, que desconocía la mayor parte de esos datos geográficos, ahora mismo le importaba poco. Lo único que le preocupaba era el acusado bajón de temperatura con el consiguiente frío, y probablemente la ventisca que traía asociada. Ello no era del todo malo, pues con un temporal así sus enemigos tendrían que resguardarse como él, pues serían maníacos asesinos pero no unos idiotas. Dentro de la dificultad añadida que planteaba la nevada en la situación, al menos se podía sacar algo bueno, pues el blanco manto ayudaba a ocultar sus huellas.
- Joder, a ver dónde encuentro ahora ramas secas para encender un fuego - reflexionó Eddie en voz alta.
Con resignación, entendió que debía salir a buscar antes de que fuese demasiado tarde y la nieve le impidiera moverse con soltura. Al apoyar la mano en la pared de la cueva para deslizarse nuevamente por la grieta hacia el exterior, notó una textura seca y rugosa que le hizo apartar la mano de inmediato. En la profunda oscuridad, trató de aguzar la vista. Podía ver muy poco, casi nada, pero era suficiente para observar que esa pequeña masa deforme que yacía en un hueco de la pared no tenía vida, o al menos no se movía. Lentamente la agarró y al tirar de ella comprendió lo que era. Yesca seca. Desconcertado pensó que era rarísimo encontrar eso en el interior de la cueva, pues la yesca suele ser un hongo adherido a la corteza de los árboles.
- ¿Cómo habrá llegado hasta aquí? - balbuceó pensativo.
Sea como fuere, le servía de maravilla para arrancar un fuego con el pedernal, pero para prenderlo completamente seguía necesitando ramas secas.
Tras resoplar, colocó a tientas la mochila en el suelo junto a la pared, y a su lado el trozo de yesca que había arrancado. Salió de la hendidura cavernosa y rápidamente sintió lo confortable que era comparada con el exterior. El viento helado azotaba su rostro y la nariz comenzaba a quejarse al respirar. Anduvo en línea recta hacia un árbol cuya silueta vislumbraba desde la entrada a la grieta, que debía estar a unos quince o veinte metros. Su copa era frondosa, pero aun así el agua había corrido por buena parte del tronco y las extremidades de este. Observó una rama baja y comprendió que, a pesar de estar mojada y que prenderla sería complicado, debía intentar arrancarla. En realidad no tenía muchas más opciones, así que empezó a tirar de ella, pero aunque esta se combó no terminaba de partirse. Eddie insistió, y esta vez saltó para que su peso le diese un plus de fuerza al dejarse caer a plomo. La rama crujió y el tesón del muchacho obtuvo recompensa. Repitió la operación dos veces más con sendas ramas, y una vez desprendidas pensó que cuando las partiese en trozos tendría más que suficiente para que la hoguera le durase, así que volvió sobre sus pasos y entró de nuevo a la cueva.



* * * * * *


- Chazz, vamos a tener que parar, el temporal se está poniendo cada vez más feo. -
- Si nos detenemos ahora él tendrá más tiempo para escapar. -
- ¿Y a dónde crees que va a escapar?... Vamos, piensa un poco. Está solo, herido, en mitad de la ladera de una montaña que no conoce y probablemente calado hasta los huesos. Si seguimos adelante puede que seamos nosotros los que tengamos problemas, ya sabes lo traicionero que puede ser este lugar, sobre todo de noche y nevando. -
Chazz agachó pensativo la cabeza, y al poco la alzó mirando a Bubba y contestando:
- Tienes razón. Bajemos al refugio, aún estamos cerca. No pienso pasar la noche en una asquerosa cueva. -
- Por supuesto, ni yo tampoco. Antes del alba, si vemos que ha dejado de nevar, saldremos a buscarle e intentaremos recuperar el terreno perdido. -
- No hace falta buscarle - contestó Chazz sonriendo - sabremos dónde estará.
- ¿Y cómo estás tan seguro? - preguntó con voz incrédula Bubba.
- Porque si sigue con vida y continúa su huida por la ladera, a esta hora ya estará refugiado del temporal en alguna gruta sabedor de que nosotros haremos lo mismo. Pero si no quiere amanecer “fiambre” por la helada, deberá encender un fuego. Por eso, cuando ordené a TJ registrar su mochila, no le quité el pedernal. -
- Entiendo - sonrió el orondo guardabosques - y cuando bajemos al refugio y miremos hacia arriba, en la oscuridad se distinguirá perfectamente el resplandor o el humo de ese fuego y podremos localizar su ubicación exacta, ¿cierto? -
Chazz afirmó guiñándole un ojo, a lo que Bubba contestó golpeándose la sien con el dedo índice:
- Eres listo, tío. -
- Venga, bajemos al refugio, estoy hambriento y debemos descansar para la emocionante cacería que se avecina mañana. -



* * * * * *


Había partido las ramas a patadas, colocándolas apoyadas entre el suelo y la pared. La yesca fue perfecta para prender la chispa que el pedernal le proporcionaba, pero los troncos sudaban humedad y desprendían bastante humo, aunque al menos ya había conseguido lo más complicado, encender el fuego.
Eddie, sentado cerca del mismo, miró hacia la pared de donde había arrancado la yesca comprendiendo cómo había llegado hasta allí. Un nido abandonado en una hendidura de la roca. Sintió una tremenda gratitud por el ave que lo habría construido. Volvió la vista hacia la mochila y comenzó a hurgar en ella con el fin de hacer inventario de lo que disponía. Lo primero que sacó fueron las dos latas de conservas. Antes de salir de Detroit, un amigo le comentó el tema de la comida que se auto-calienta, cosa que le liberaba de llevar encima el engorroso y pesado camping gas. Estas latas llevaban un sistema de apertura y pulsación en la parte inferior del envase, y en pocos minutos tenías un plato caliente con el que llenar el estómago, sin necesidad de usar ningún artilugio para lograrlo. Y aunque tenía sus dudas de si comerlas o no, pues el olor podría atraer a algún animal, estaba tan hambriento que apenas dudó en girar una de ellas y activar el “mágico” mecanismo que lo hacía posible. Como el proceso tardaba unos minutos en tener lista la comida, mientras tanto continuó rebuscando, pero no halló el pequeño botiquín, el neceser, ni tampoco la mayor parte de la ropa. Recordaba que Chazz ordenó a TJ que le quitase ciertas cosas, pero estaba casi seguro de que precisamente esas no las mencionó. Maldijo entre dientes al tipo del sombrero de cowboy por haber actuado por su cuenta quitándolas, y aunque su ética no quería admitirlo, en su foro interno se alegró del trágico final que había tenido.
Siguió palpando y notó algo lanoso.
- ¡Coño, mis guantes! - dijo sorprendido y contento.
Tras observarlos casi con la ilusión de quien abre el envoltorio de un regalo, los colocó a un lado y continuó examinando el macuto. Una camiseta interior y liada en ella, circunstancia por la que probablemente el cowboy no la viera, una tableta de analgésicos. Eddie la cogió de casa en el último momento por si la necesitaba, y la echó en el interior de la mochila sin pararse a meterla en el botiquín. Realmente ni se acordaba de ella, pero ahora pensó que le vendría de maravilla para mitigar algo el dolor que sentía en el hombro.
Tras revisarlo todo, hizo balance de lo que necesitaba.
No tenía botiquín, por lo que tocaba rezar para que la herida suturada por Bubba no se infectase. También reparó en que estaba sediento, pero no se preocupó pues no dejaba de nevar, así que cuando acabase de comer, la misma lata que contenía el alimento le serviría para obtener la nieve caída y calentarla junto al fuego hasta que se deshiciese y poder de ese modo beber. No era muy higiénico, evidentemente, pero era mejor que deshidratarse.



* * * * * *


La cortina de nieve había intensificado su cadencia de precipitación, y la apariencia de las calles comenzaba a cambiar significativamente. Pocos transeúntes se veían ya por las avenidas, y los que quedaban ya apretaban el paso en dirección a sus casas, o aprovechaban algún bar abierto para refugiarse en su interior. La noche amenazaba una fuerte nevada y pronto estaría todo desértico. Todo esto lo estarían pensando Kobe y Bill, ambos montados en sendos quads y observando el panorama desde la puerta del garaje.
- Deberíamos abortar la idea de ir allí, Kobe. No pinta bien la nevada y podríamos tener muchas dificultades si nos sorprende en el monte - comentó Bill con un tono de voz que intentaba destilar coherencia.
- Lo sé - dijo con gesto contrariado su compañero - ¿pero qué será de Bubba? -
- Es un hombre experto, mucho más preparado que nosotros. Sabrá arreglárselas. -
- Supongo que sí. Espero que no esté herido. -
- En cualquier caso, es muy difícil que consigamos llegar hasta allí con este temporal. Lo mejor que podemos hacer es volver adentro, decirle a Conrad que se marche a casa hasta por la mañana, que es cuando le toca incorporarse, y entonces ir a echar un vistazo al refugio con las primeras luces del alba, si es que el tiempo lo permite, claro. -
Kobe asentía mientras forzaba la vista hacia el final de la calle como intentando ver algo. Con media sonrisa, levantó el dedo índice de la mano derecha y dijo:
- Parece que a él no le afecta la nevada - señalando a un caribú que trotaba despreocupado por un parque colindante.
- Esperemos que se quede ahí y no provoque ningún accidente. -
- En fin - dijo resueltamente Kobe - vamos dentro y dile a Conrad que se marche. ¡Ah!, y haz café, lo necesitaremos porque intuyo que será una noche larga. -
- ¿Crees que la tienda de Nelly estará abierta aún? - preguntó Bill frotándose el mentón.
- Estás pensando en hacer acopio de Donuts, ¿verdad? -
- Tú lo has dicho - sonrió con complicidad Bill - va a ser una noche larga. -
- Anda ve - concedió con resignación aunque de buena gana Kobe - y tráeme un par de esos Donuts con glaseado de fresa por encima - y ante la mirada asombrada de Bill, apostilló - no sé por qué te sorprendes, sabes que me encantan. Yo iré haciendo el café. -



* * * * * *


- Joder, Chazz, ¡no distingo nada!, creí que sería más sencillo localizarle en la oscuridad, pero la noche cerrada y la maldita ventisca no dejan ver bien. -
- Un segundo - dijo Chazz cogiendo el arco compuesto del indio y mirando por su objetivo telescópico.
- ¿Ves algo? -
- Espera - contestó el rubio, que durante un rato estuvo oteando las tinieblas a través de la ventana del refugio. Mientras tanto, el guardabosques sacó unas latas de conserva de debajo de la pequeña cocina del fondo de la cabaña, activó la bombona de gas, encendió uno de los quemadores y comenzó a calentar unas albóndigas.
- No es que sea precisamente mi comida preferida, pero la verdad es que cuando el hambre aprieta no está tan mal, ¿verdad? -
De repente, al mirar a Chazz observó que el bigote de herradura de este se estiró obligado por una sonrisa que se le dibujó en los labios.
- ¡Qué!, ¿qué ves? - sin mover el arco y sin contestarle, Chazz se apartó del objetivo e indicó con un movimiento de barbilla a Bubba que mirase. Este tardó un instante en divisar lo que su compañero quería enseñarle, pero al fin lo vio.
- ¿Cómo lo has localizado tan rápido?, apenas se advierte un pequeño punto luminoso y algo de humo. -
- Ha sido pura suerte. Al principio no veía casi nada, pero ha habido un momento en que una nube ha dejado entrar un poco de luz de luna y he podido divisar una especie de bandada de pájaros, seguramente murciélagos, remontar las copas de los árboles. Pensé que algo los habría espantado, así que volví la mira telescópica hacia la montaña y revisé la pared donde debían estar las cuevas, porque no distinguía más que la silueta de una masa informe. Y al poco de estar mirando, he notado cómo aparecía ese pequeño resplandor acompañado del humo. -
- ¿A qué distancia calculas que debe estar? -
- Yo diría que a una hora de distancia. Hora y media como máximo. -
- Bien, vamos a comer y luego a descansar un poco. -
- Duerme tú, Bubba. Yo montaré guardia, no me fío de él. -
- Está bien. Avísame en un par de horas y te relevaré, ¿ok? -
- De acuerdo. -



* * * * * *


El dulzón olor de la sangre profanó sus fosas nasales. Se mezclaba con otro más fuerte, como agua corrompida o un cadáver en descomposición. Resultaba asqueroso porque era tan denso que casi se podía masticar. Sin embargo, había otro aroma que subyacía por encima de los otros dos. Una fragancia áspera, parecida a la que desprende un sucio perro mojado.
Eddie abrió los ojos y su turbia primera visión fueron los rescoldos apagados y humeantes de la candela, pero incluso sin el resplandor de la misma la luz era extrañamente diáfana. Todavía tumbado, parpadeó un par de veces para ganar visión, y entonces reparó en la sombra proyectada contra la pared del fondo de la caverna. Temblando de miedo, se giró para encarar la entrada a la cueva y lo vio. Un ojo blanco, de visión opaca y sin embargo más expresivo que uno normal, lo observaba desde la estrechez de la grieta. Y lo que más aterrorizaba era esa cicatriz que lo atravesaba como una estela de chemtrail. Eddie se levantó lentamente echándose hacia atrás mientras el vaho emanaba del hocico de ella, que no dejaba de mirarlo. Pero el muchacho cometió un error. Se agachó para agarrar un trozo de rama que sobresalía de la extinta fogata y Shelby no le concedió ni un segundo más. Increíblemente pasó por la
estrecha entrada y se abalanzó sobre él, clavándole las fauces entre el cuello y el hombro malherido, haciendo que un aullido de dolor retumbara en la caverna a la vez que el chico caía bajo el peso de la enorme osa, que le duplicaba en tamaño. Ni siquiera los golpes que intentaba darle con la rama quemada en el lomo servían de nada, porque con una violencia extrema, el animal comenzó a lanzarle zarpazos con sus poderosas garras a una velocidad endiablada sobre el rostro y la garganta. La agonía estaba a punto de finalizar cuando de pronto el animal se detuvo, le miró a los ojos y dijo con voz gutural:
- Nunca debiste venir a Anchorage - y comenzó a carcajearse.
Eddie, con la frente perlada de sudor, alzó del suelo la parte superior de su cuerpo como si de un vampiro saliendo de su ataúd se tratara, hasta quedar sentado y resoplando. Miró a la izquierda y echó mano de la lata de agua, que apuró de un solo trago.
Al tiempo que pensaba en la angustiosa pesadilla que acababa de tener, observó las incandescentes brasas que aún guardaban algo de calor en la gruta. Tardó en reparar en algo que, una vez llegó a su pensamiento, le hizo abrir mucho los ojos y levantarse de un salto maldiciendo. Al tremendo cansancio que le abordaba la noche anterior, se sumó el efecto de somnolencia que le provocaron los analgésicos, haciéndole caer en un profundo sueño que tan solo la irrupción de Shelby en sus pesadillas le hizo despertar. Los albores del día despuntaban sus primeros rayos de sol, y esa tenue luz aunque tímidamente, ya atravesaba la entrada de la cueva e iluminaba las sombras interiores.


Tras ponerse los guantes, el chico introdujo rápidamente sus pertenencias en la mochila, incluida la lata de comida vacía que había utilizado para beber, y fue a salir de su improvisado refugio. Más de medio metro de nieve taponaba la parte baja de la grieta.
Asomó la cabeza con cuidado, pero tan solo el trinar de los pájaros saludando un nuevo día en la bella Alaska, rompían el silencio exterior. Sorteó el escalón natural formado por la helada y salió.
Nubes dispersas salpicaban el firmamento en lo que hacía presagiar una bonita aunque fría mañana, de no ser por la situación límite que estaba viviendo.
Realmente Eddie no sabía qué hacer, pero la evidencia decía que la única alternativa era avanzar, pues volver sobre sus pasos se hacía inviable sabiendo lo que le esperaba. Así que viró a su izquierda e inició camino paralelamente a la rocosa pared.
No había andado ni veinte metros cuando oyó a sus espaldas el sonido inconfundible del amartillado de un arma. Eddie giró la cabeza lentamente y sus ojos se cruzaron con el celeste que coloreaba el iris de los de Chazz. Este sonreía exultante. Eddie hizo una rápida visión panorámica para evaluar alguna posible escapatoria, pero al hacerlo encontró algo más a la izquierda, a Bubba, que estaba apoyado con el hombro en el tronco de un árbol y le apuntaba con su pistola. El muchacho, sabedor de que su suerte estaba echada, agachó la cabeza.
- Te avisé de que por más que corrieras o intentaras esconderte, te encontraría y te mataría, chico - se regocijó el rubio.
- ¿Por qué no me mataste cuando me hallaste en mitad del bosque? - preguntó enrabietado Eddie mirando a Bubba - ¿Para qué me curaste y me hiciste creer que tendría una posibilidad de escapar? -
Bubba y Chazz caminaban hacia el muchacho tranquilamente, y el guardabosques comenzó a contestar:
- No te lo tomes como algo personal, chaval. -
- ¡Y una mierda, cabrón, claro que es personal! -
- Noooo, de verdad que no. Chazz y yo nos conocemos desde el instituto, hay confianza. Me comentó la actividad que llevaba a cabo y, como estaba en total acuerdo con ella, me quise sumar a la cacería. Pero cuando te encontré aún nos eras necesario, pues teníamos un problema. -
- Mejor dicho tres - intervino Chazz.
- Cierto, tres - corroboró Bubba antes de seguir - Brandi, TJ y Marvin. Tres bocazas. A Dyami no lo cuento porque realmente ha sido un desgraciado accidente. Pero sabíamos que los otros, más pronto que tarde, lo delatarían todo ya fuese por arrepentimiento o por negligencia, así que decidimos eliminarlos. -
Cuando llegaron a unos diez metros del chico, Bubba continuó:
- Pero como sabrás, ya han sido eliminados, por lo que tú solo nos sirves como presa. Ya ves, vuelves al punto de partida. -
- Puto gordo de mierda - le dijo Eddie con desprecio mirándole a los ojos.
- ¿Puto gordo? - contestó Bubba - pues sí, seré un puto gordo pero no he necesitado un cuerpo atlético para darte caza, payaso - y mientras decía esto, enfundaba su pistola y se descolgaba el rifle del hombro para apuntarle, igual que su bigotudo compañero.
- Ahora, negrito, - comenzó a hablar Chazz mientras al unísono, tanto él como Bubba, apoyaban una rodilla en tierra y le apuntaban - vas a correr para que yo te cace como si fueses un maldito animal. Así que, ¿tienes algo que decir?, ¿unas últimas palabras que pronunciar? -
A Eddie le centellearon los ojos y dirigiéndose a Bubba dijo:
- Puede que no necesites un cuerpo atlético para cazarme, pero… quizás lo necesites para correr. -
- ¿Correr? - dijo Bubba extrañado cruzando la mirada con Chazz, justo antes de que un rugido retumbase a sus espaldas helándoles la sangre.

(CONTINUARÁ...)

Pepe Gallego

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lunes, 21 de octubre de 2013

"Sin aliento" (Capítulo V)

Capítulo.5 - “El refugio”



Fría e intensa, sabiendo que controlaba la situación. Así era su mirada. La lluvia, ahora incesante, arrastraba hasta las hojas de las plantas que le mantenían semi-camuflada la seca sangre india que aún revestía su hocico. Era una visión sobrecogedora, pues la mirada de Shelby focalizada en el grupo de cazadores era el punto luminoso en la penumbra que ya comenzaba a dominar el lugar. Brandi, Chazz, Marvin y TJ, permanecían quietos sabedores de que un movimiento brusco podría desencadenar el ataque de un animal que, con esas dimensiones y a solo diez metros, sería casi imposible de detener. Tenían que hacer las cosas muy despacio, y fue el propio Chazz el que comenzó a mover lentamente la mano derecha hacia la parte posterior de su cintura. Shelby le observaba sin inmutarse. Él sacó la pistola de su cartuchera y comenzó a mover la otra mano hasta ocultarla tras la espalda, para así quitar el seguro y amartillar el arma sin llegar a mostrarla ante el animal. Sabía que lo más lógico sería encañonarle con su Weatherby 340, pues con una pistola era muy difícil abatirle, pero quizás le pudiese herir lo suficiente como para persuadirla. Descolgarse el rifle del hombro, prepararlo y disparar, era demasiado tiempo y no tendría la más mínima posibilidad de éxito ante un posible arranque de la osa.
Sonó el “clic” clásico cuando el arma estuvo preparada, pero al mismo tiempo un relámpago iluminó el lugar y Shelby rugió. En apenas esas décimas de segundo de confusión, las ramas se agitaron y Chazz apuntó hacia ellas disparando dos veces tratando de anticiparse a la más que probable embestida del plantígrado, pero esta no llegó a producirse. Los arbustos dejaron de balancearse y la enorme fiera había desaparecido. El lugar donde un par de segundos antes se encontraba acechando, ahora tan solo acogía un oscuro vacío rodeado de vegetación.
- ¿Dónde demonios está? - dijo nervioso Marvin.
- Mantened los ojos bien abiertos, no me fío de ella - habló el rubio de bigote de herradura.
- ¿Ella? - se extrañó TJ - ¿cómo sabes si es macho o hembra? -
- Chazz sabe lo que dice. Es ella, Shelby - intervino Brandi.
- Shelby…- se quedó pensativo TJ, hasta que unos segundos después abrió mucho los ojos y miró a la chica - ¿Aquella osa del circo que salió en las noticias? -
Ella asintió con la cabeza pero sin dejar de mirar tras de sí, al igual que Marvin y Chazz, que pistolas en mano permanecían rígidos oteando la espesura a su alrededor.
- Pero, ¡no puede ser!, ¿cómo sabéis que es ella? -
- Su ojo blanco y esa cicatriz que lo atraviesa - contestó Chazz y mirándole de reojo, masculló entre dientes - y cállate de una puta vez. -
TJ hizo caso y desenfundó su pistola Desert Eagle del calibre 50. Quedaron a la escucha tratando de oír el menor ruido, pero tan solo el sonido de la ya incesante lluvia rompía el silencio reinante en el anochecer de Chugach.
- ¿Qué es ese olor? - susurró Marvin.
- ¿Qué olor? - le preguntó TJ.
- Debe ser el de la tierra húmeda - contestó el cincuentón.
- ¡Mierda! - masculló Brandi con el semblante tenso.
- ¿Qué ocurre? - inquirió Chazz, a lo que Brandi le contestó volviendo la mirada hacia él:
- Que no huele a tierra húmeda, sino a perro mojado. -
En ese instante, otro relámpago barrió el lugar y una enorme sombra se alzó tras el cowboy.
A TJ apenas le dio tiempo a ver el pánico en el rostro de sus amigos, cuando sintió la brutal sacudida acompañada de cuchilladas ardientes que le rasgaron la piel del cuello, lanzándole a una considerable distancia como si fuese un guiñapo.
Alzada sobre sus patas traseras, Shelby, al unísono con el estallido del trueno que seguía a la eléctrica luz natural, rugió con fiereza mirando a Chazz que se había quedado petrificado. Brandi fue la única en reaccionar descerrajándole un disparo al animal que, con un ronco gruñido, se quejó y desapareció rápidamente entre unos arbustos.
Marvin temblaba de pies a cabeza y su pistola yacía en mitad de un charco.
El disparo de Brandi hizo reaccionar a Chazz, que dio un paso adelante y fue hacia los matorrales encañonando su pistola Winchester Magnum buscando al animal para rematarlo, pero ya no quedaba ni rastro de Shelby, tan solo las plantas pisoteadas y tronchadas que había dejado a su paso.
Un lamento quejumbroso llegó desde el suelo.
- ¡Dios mío, TJ! - dijo Brandi corriendo hacia su compañero abatido, para posteriormente gritar irritada a Marvin - ¡Eh,viejo!, ¡ven aquí y échame una mano!, ¡y recoge tu pistola, joder! -
El hombre obedeció y momentos después se encontraban ambos arrodillados junto al cowboy, mientras Chazz había aprovechado para enfundar la pistola y apuntar ahora con su poderoso rifle.
- ¡Aún está vivo! - gritó Brandi dirigiéndose al sobreexcitado rubio - ¡debemos sacarle de aquí y llevarle a un hospital! -
En ese instante Chazz, que seguía mirando desconfiado a su alrededor, giró la cabeza hacia la
chica y dijo con mirada cruel:
- De aquí no se irá nadie hasta que hayamos resuelto el problema del negro y Bubba. -
- ¿Te has vuelto loco? - intervino Marvin - ¡la cacería ha terminado! -
- Ah, ¿sí? - comenzó a decir Chazz andando lentamente hacia ellos - ¿y qué les dirás a los del hospital cuando llegues?, ¿que un oso atacó a TJ porque estabais en una zona prohibida del parque cazando a un indigente por diversión? - el viejo miró a Brandi, pero Chazz continuó - y tú Bran, ¿qué le contarás a la policía cuando el guardabosques y el negro declaren?, apuesto a que no habías pensado en ello. -
- Pero, ¿no lo entiendes?, si no llevamos a TJ a un hospital, ¡morirá! -
- No, eres tú quien no entiende nada, Marvin. TJ jamás saldrá con vida de aquí. Ella no lo permitirá, es su presa y volverá a recuperarla. -
El hombre mayor agachó la cabeza un momento, y luego la alzó para decir incrédulo:
- ¿Estás sugiriendo que le dejemos morir e incluso ser devorado por esa bestia? -
- Ca…brón…- balbuceó en ese momento TJ. -
Chazz, haciendo caso omiso del insulto, les dijo a los otros:
- Parece que no comprendéis la situación. Si nos vamos ahora para llevarle a un hospital, podemos darnos por encarcelados en el momento en que esos dos alerten a las autoridades. Y si nos llevamos a TJ con nosotros, Shelby nos perseguirá sin descanso. Decidme, ¿preferís ser vosotros los devorados?, porque eso es lo que ocurrirá. -
- Pero Chazz, ese animal está herido. El disparo de Brandi fue a bocajarro, igual incluso está muerto ya. -
-Créeme, la rapidez con la que ha desaparecido y la potencia con la que ha retorcido plantas y setos a su paso, no son de un animal moribundo, te lo garantizo.
- Pero puede que se haya asustado y no vuelva - ante la conjetura sugerida por Marvin, Chazz torció el bigote sonriendo.
- Apuesto lo que sea a que esa osa del demonio debe estar ahora más furiosa que nunca. -
Alzando lentamente la cabeza, Brandi contestó:
- Prefiero arriesgarme a ir a la cárcel o incluso enfrentarme a Shelby, antes que dejar morir a un amigo. Lo siento, pero yo me voy a llevar a TJ al hospital. -
Chazz asintió mirándola a los ojos. Tras un par de segundos, desenfundó su pistola y le disparó en la cabeza a TJ.
Brandi, con el rostro salpicado de sangre se quedó paralizada. Marvin, que se había echado hacia atrás asustado, alternó su mirada entre el cadáver del cowboy y Chazz, y le espetó:
- ¡Eres un maldito monstruo! -
- ¡Tú eliges a la gente para las cacerías, así que no me hables como si fueses un jodido angelito! Y ahora dejad de lamentaros y vamos en busca de esos dos hijos de puta. Deben estar en el refugio guareciéndose de la lluvia. Tenemos la oportunidad de acabar con esto - y aún con el arma en la mano señalando a TJ, añadió - confío en que Shelby sacie su voracidad con él y nos deje en paz. -
Brandi y Marvin le miraban con hondo desprecio.
- ¡No me miréis así y moved el culo, joder! - y rebajando el tono de su voz - os estoy salvando la vida, algún día me lo agradeceréis - dijo antes de comenzar a andar con su rifle en la mano hacia la zona por la que había desaparecido Shelby.
Marvin sacó un pañuelo y le limpió el rostro salpicado de sangre a Brandi, que con expresión ausente, sacaba tabaco y se lo introducía de manera mecánica en la boca.
Chazz, tras unos instantes observando la vía por la que escapó la osa, se giró de nuevo y dijo:
- Enhorabuena Bran, has logrado herirla, hay un reguero de sangre que se pierde en la espesura - y tomando un camino distinto, añadió - no creo que volvamos a verla, pero si es así, en caso de no poder apuntarle a la cabeza hacedlo a los cuartos traseros, así no podrá erguirse a dos patas ni correr con tanta soltura - y dicho esto se introdujo por el sendero que conducía hacia el refugio.



* * * * * *


- Cuatro disparos - dijo Bubba mirando a Eddie - y no han sonado lejos. -
El muchacho, con el semblante demudado, observó la ventana como si esta pudiese darle más información, pero lo único que podía ver era la oscuridad y una cortina de agua que navegaba por los cristales de la misma.
Bubba caminó hacia él, y mirándole a los ojos tratando de calmarle, comentó:
- Escucha chico. Si como parece ser han disparado a la osa, no creo que la volvamos a ver. Además, yo también tengo un arma, ¿recuerdas? -
Eddie miró de soslayo y replicó:
- Ellos son cuatro expertos cazadores que conocen la zona. -
- Sí, en eso tienes razón, pero no olvides un par de cosas, - comenzó a decir Bubba enumerando con los dedos - que yo también conozco la zona y mucho mejor que ellos.
Pero sobre todo, siendo tan expertos como son aún no han sido capaces de darte caza, y eso que eres un chico de ciudad. Estamos en mitad de la naturaleza, es de noche, llueve y estás conmigo. No lo tendrán tan fácil, créeme. -
- Espero que usted no se equivoque. En cualquier caso gracias, me ha salvado la vida. -
El guardabosques se alejó dándole una palmada en el hombro y contestó:
- No me las des aún, chico. -



* * * * * *


- Menos mal que ya sales del baño tío, llevas media hora ahí dentro. -
- Debe ser la salsa casera de mi mujer - contestó Bill.
- Anda, quédate al mando - dijo levantándose Kobe - que me llevo orinando un buen rato. -
- Pues no te aconsejo entrar al baño ahora - comentó con media sonrisa Bill.
- No pensaba hacerlo, voy a ir a los servicios del centro de visitantes. -
- ¡Eh, Kobe!, te he escuchado hablar en voz alta por teléfono, ¿quién ha llamado? -
- No ha sido por teléfono, sino por la emisora. -
- ¿En serio? - preguntó Bill enarcando las cejas sorprendido -
- Sí, era el jefe, pero no me he enterado de nada, se entrecortaba la señal y al final se cortó. -
- ¡Mierda!, tanto tiempo esperando para que nos instalen una emisora en el refugio por si la necesitamos en algún momento, y para una vez que hace falta no funciona. -
- Supongo que la tormenta tendrá mucho que ver. -
- Ya, pero no es excusa, porque es precisamente en estos casos cuando tiene que ser funcional y fiable. -
Kobe asintió estando de acuerdo con su compañero, que volvió a preguntar:
- ¿Y para qué habrá llamado? -
- No sé, probablemente se le haya pinchado una rueda del quad. -
- No creo, esos neumáticos están hechos a conciencia precisamente para pisar rocas afiladas y ramas puntiagudas. -
- Sí, pero nuestro querido Bubba pesa una tonelada, y las ruedas no lo deben llevar bien.-
- Eso es verdad - admitió sonriendo Bill.
- Bueno, me voy a mear porque no puedo aguantar más. Luego si amaina un poco la tormenta intentamos contactar otra vez, a ver qué mosca le ha picado al jefe - dijo Kobe yendo hacia el pasillo situado en la entrada a la oficina de guardabosques dejando al mando a Bill que, cogiendo un bolígrafo y el periódico se sentó reclinándose en la silla de escritorio poniendo los pies sobre la mesa y comenzando a hacer el sudoku.



* * * * * *


Tras un rato caminando, Chazz se frenó en seco.
- ¿Escucháis eso? - preguntó absorto sin tan siquiera mirar a los otros.
Marvin y Brandi quedaron en silencio tratando de localizar el sonido que Chazz les indicaba.
Tras unos segundos, la chica abrió más los ojos como entendiendo.
- ¡Es un motor al ralentí!, lo que significa que - y sin dejarle terminar, el rubio sentenció:
- Que es el generador y hay alguien en el refugio. -
- Pues, o son idiotas, o bien hay algo que no sabemos - dijo Marvin con la incógnita dibujada en el rostro.
- ¿Para qué habrán encendido el generador? Si realmente nuestra presa está con Bubba, a estas alturas ya se lo habrá contado todo y sabrán que les pisamos los talones, e incluso habrán oído los disparos. No creo que sean tan idiotas de encender el generador para tener luz eléctrica porque eso les localizaría más fácilmente en el interior de la cabaña. -
- Han debido llamar por la emisora al puesto de guardia - dijo pensativo Chazz.
- Pero, ¿qué emisora? - volvió a replicar Brandi - He estado varias veces en el refugio y allí no hay ninguna emisora o algo que se le parezca. -
- Espera, Bran, - intervino Marvin rascándose distraídamente la barba, como si esta fuese la artífice de que los pensamientos discurrieran desde su cerebro hasta desembocar en palabras - el otro día Kobe estaba en el bar de Wally, y le escuché comentar que podría desayunar tranquilamente porque le estaban instalando la emisora y eso iba a tardar. Seguramente también la hayan puesto en el refugio para poder comunicarse sin depender de los móviles, que ya sabes que su cobertura aquí es casi inexistente. -
- Pues siendo así, ya habrán alertado del caso a las autoridades - comentó Brandi con el nerviosismo asomando a su faz.
- ¿Acaso ves alguna sirena o algo similar? - preguntó visiblemente irritado Chazz - Claro que no, y eso es porque deben tener problemas para comunicarse, o bien este mal tiempo impide venir al helicóptero. Sea por el motivo que sea tenemos tiempo para solucionarlo. -
- ¿Y si nos estamos equivocando?, ¿y si el negro va por otro camino, estando solo Bubba en la cabaña? -
- Si es así lo averiguaremos. Pero si están juntos, abatidlos sin contemplaciones, no podemos correr el riesgo de que escapen y nos echen a la policía encima, ¿está claro?... pues andando - ordenó Chazz para que le siguieran, cosa que hicieron de inmediato la chica y el viejo.



* * * * * *


Bubba colocó la munición en el rifle y se situó en un lateral de la ventana. Por más que intentaba escudriñar la oscuridad exterior, la cortina de agua era la única que atravesaba las sombras, salpicada de vez en cuando por algún relámpago.
- ¿Crees que vendrán? -
- Por supuesto que sí. Conocen el refugio e intuirán que hemos venido aquí. -
- Bueno, en todo caso intuirán que yo he venido aquí, pero no creo que sepan que usted está conmigo. -
- Son cazadores expertos, chaval. Al seguir tus huellas y habrán deducido que vas acompañado. Y si piensan un poco, entenderán que soy yo por el tamaño y la profundidad de las mismas provocadas por mi peso. -
- Entiendo - dijo con resignación Eddie.
- Además, en cuanto lleguen aquí verán el quad, y eso es aún más sencillo de deducir. -
En ese instante, un ruido metálico les sobresaltó, y se oyó la voz de Kobe salir del altavoz de la emisora.
- Jefe, jefe, ¿estás ahí?, cambio. -
Bubba y Eddie se miraron con los ojos muy abiertos. El guardabosques agarró de inmediato el artefacto, apretó el botón lateral y dijo:
- Sí, aquí Bubba, cambio. -
- ¿Qué ocurre jefe?, antes se cortó la emisión y no pude entender lo que me decía, cambio. -
- Estamos en peligro, Kobe. Llama a la policía y diles que es un asunto a vida o muerte. -
Tras comentar esto, al otro lado solo se oyó el sonido estático.
- ¿Kobe, me has escuchado?, cambio -
Tras otro silencio únicamente roto por ese zumbido, se escuchó de nuevo la voz entrecortada de Kobe. -
- No…oigo…efe, se ent…orta…-
- ¡Me cago en la puta, coño! - blasfemó airadamente Bubba.
No lo vio venir. Algo allá fuera se iluminó fugazmente y las astillas del marco de la ventana saltaron violentamente. El guarda forestal se agachó bajo el alféizar, colocó el micrófono en su lugar correspondiente, desconectó la emisora y ordenó a Eddie susurrando:
- ¡Apaga la luz y agáchate, muchacho!, estos ya vienen con la predisposición de eliminarte a ti, a mí, y a quien se ponga por delante. -
Un segundo impacto reventó los cristales de la ventana, cayendo algunos trozos sobre Bubba que se tapaba la cabeza con los brazos y permitiendo que la llovizna con viento racheado se colara en la estancia. Segundos después, la voz de Chazz se oyó desde fuera:
- ¡Eh, Bubba!, esto no va contigo. Ese cabrón es nuestro, lo sorprendimos robándonos y por eso huye. -
El orondo grandullón miró hacia Eddie en la oscuridad, y este negó rápidamente con la cabeza. Bubba asintió previamente a que Chazz volviera a hablar.
- Sin embargo, antes de que hagas alguna tontería debo advertirte, amigo. Si te interpones entre nosotros y ese energúmeno, correrás la misma suerte que él. No queremos hacerte daño, pero lo haremos si no colaboras. -
El guardabosque respiró hondo y contestó:
- Lo siento Chazz, esto se os ha ido de las manos. No voy a entregaros a este chico. Las autoridades ya han sido avisadas y serán ellos quienes se encarguen del asunto. -
- Noooo, no, no, no, me parece que no lo has entendido, grandullón. Da igual a quien hayas avisado, porque él no saldrá vivo de aquí y, ¿sabes qué?, si no nos lo entregas, tú tampoco. Así que contaré hasta diez, y si llegado ese momento sigues sin cambiar de opinión, atente a
las consecuencias. -
Bubba se quedó pensativo unos instantes mientras Chazz comenzaba a contar.
- Uno…Dos… -
- Escúchame, chico. Esa puerta de ahí tiene salida hacia un estrecho sendero que conduce hacia las montañas. Márchate, yo trataré de entretenerlos. -
- ¿Se ha vuelto loco?, ¡no pienso dejarle solo, no soy un cobarde! -
- Tres…Cuatro…-
- ¡Vamos Bubba, no seas testarudo y acabemos con esto, hombre! - intervino Marvin mientras Chazz contaba - no queremos hacerte daño, tan solo queremos a ese maldito indigente. -
- Cinco…seis…-
- ¡No discutas conmigo, muchacho! - se enfadó el guarda forestal - si te quedas aquí, te matarán hagas lo que hagas. Ellos no piensan negociar y son tiradores expertos, no tendrías ninguna posibilidad. -
- Pero, ¿qué hará usted? -
- No sé, algo se me ocurrirá. Por lo pronto distraerles. -
- Siete…Ocho… ¡se te acaba el tiempo! - tras decir esto, Chazz se giró hacia Brandi - Rodea la casa y ciérrales una posible escapatoria por detrás. -

Mientras, Bubba apremiaba a Eddie.
- Coge tu mochila y márchate… ¡YA! -
Eddie, mirando con gratitud a aquel hombre que trataba de salvarle el pellejo, agarró su mochila y se dirigió agachado hacia la puerta que este le había indicado. Tomó aire, giró el pomo de la puerta, y al abrir sus fosas nasales fueron inundadas por el frío y húmedo aire que flotaba en aquel paradisíaco lugar, tornado en infierno por los hechos que en él estaban aconteciendo.
Continuaba lloviendo, pero la intensidad había amainado bastante. Se asomó con cautela y la fina llovizna bañó su rostro. Efectivamente había un sendero, pero apenas podía ver a unos pocos pasos de distancia debido a la oscuridad reinante. Esperó unos instantes a que sus ojos se adaptaran a ella y comenzó a adentrarse a través del camino con sigilo, tratando de no hacer ruido y vislumbrar cualquier forma de vida que se pudiera cruzar en su trayectoria. Se giró cuando a lo lejos escuchó:
- Nueve… ¡y DIEZ!, muy bien gordito, tú lo has querido. -
En ese momento, distinguió a una silueta menuda que se acercaba lentamente por el lateral del refugio. Se frenó. Parecía estar mirando al suelo, como comprobando algo. Entonces, alzó la cabeza rápidamente y Eddie entendió, a pesar de la penumbra, que Brandi lo había localizado, por lo que se dio media vuelta y apretó el paso intentando hacer el menor ruido posible. Nervioso, echó la vista atrás y pudo ver que Brandi ya venía en su busca.



* * * * * *


- ¿Te has enterado de algo? -
- Pues no, pero al menos sabemos que él está allí en el refugio. -
- Deberíamos enviar al helicóptero. -
- ¿Con este tiempo?, Roger se negará a pilotar, ya lo sabes. -
- Pues algo debemos hacer, Kobe, porque podría ser importante. -
El otro se quedó pensativo unos segundos para posteriormente mirar a Bill y decirle:
- Llama a Conrad. -
- ¿Para qué?, es su día libre. -
- ¡Ya sé que es su día libre, maldita sea! - contestó de inmediato Kobe de manera alterada - pero alguien debe estar aquí por si el jefe consigue ponerse en contacto con nosotros mientras vamos a echar un vistazo. -
- Pero, ¿vamos a ir al parque ahora, con este tiempo y de noche? -
- ¿Se te ocurre algo mejor, Bill? -
Ante la mirada baja de este, prosiguió:
- Quizás esté herido, o puede que haya encontrado a algún excursionista igualmente herido y necesita nuestra ayuda. ¿Qué hacemos, nos quedamos aquí tan tranquilos? -
- No, claro, yo no quería decir eso. -
- Pues entonces en marcha. Llama a Conrad y dile que se venga para el puesto cagando leches. No le des ninguna explicación, dile que se venga y punto. -



* * * * * *


Mientras tanto, tras haber hecho la cuenta de diez, Chazz se giró hacia Marvin y le señaló con los ojos para que se desplazase hacia el flanco derecho por donde estaba ubicado el generador, y él se apostó en el izquierdo cerca de donde estaba el quad. Cerró un ojo y apuntó a través de su mira telescópica, esperando ver el más mínimo movimiento que pudieran brindarle como blanco sus ahora dos presas.
Bubba, asomó el cañón de su rifle y los disparos comenzaron a atronar por los alrededores de la casa. Tras una primera escaramuza, el grandullón se reptó por el suelo de la cabaña con los codos en dirección a la puerta trasera por la que se había marchado Eddie. Sabía que quedarse en la casa sería una trampa mortal, pues podrían incendiarla con él dentro y para cuando quisiese escapar ya le estarían esperando, o peor aún, no podría salir y moriría calcinado. Así que decidió jugársela en la espesura, donde conocía el terreno como la palma de su mano. Arrastrándose hacia el fondo de la cabaña cayó en la cuenta de que tan solo dos armas le disparaban. ¿Dónde estaban los otros dos? Tras la muerte del indio, aún quedaban cuatro en el grupo de cazadores. Pensó un instante y comprendió que quizás alguno cayera en el enfrentamiento que probablemente habían tenido con Shelby. O puede que otro de ellos estuviese rodeando el lugar para cubrir la posible escapatoria trasera. Haciendo estas elucubraciones en su mente, llegó ante la puerta. Se alzó con prudencia y abrió muy despacio. Miró al suelo y su desconcierto duró unos instantes. Las pisadas de Eddie se alejaban hacia el interior del sendero, pero había otras que las seguían. Pertenecían a un pie pequeño, demasiado menudo para ser de un hombre, así que no había duda, Brandi le estaba siguiendo. Se apretó contra la pared de la cabaña y empezó a deslizarse hacia el lateral.
Al mismo tiempo, Chazz indicó con la mano a Marvin que avanzase. Este hizo caso y con paso lento pero firme, se fue acercando a la casa con el arma alzada y apuntando.
Al pasar junto al generador, dos disparos impactaron en el tanque de gasoil, desparramando su contenido y empapando los pies del viejo que sin entender nada se giró hacia la posición de su rubio compañero, desde el que parecían provenir sendos disparos. Este se alzó de su escondite, soltó el rifle en la empapada hierba, sacó su pistola del cinto y apuntó.
- ¿Qué haces?, balbuceó Marvin. Se miró los empapados pies y como comprendiendo lo que estaba a punto de ocurrir, gritó - ¡Hijo de putaaa! -
Dos destellos fueron escupidos en la noche y el gasoil que tenía a sus pies empezó a arder. Las llamas prendieron con rapidez las ropas de Marvin, y sus alaridos comenzaron a inundar la explanada, que ahora era iluminada por las llamas.
Brandi, que ya iba ascendiendo por la ruta que llevaba a las montañas persiguiendo las huellas de Eddie, se giró contemplando desconcertada la escena. Pronto comprendió que era su viejo amigo quien daba vueltas ardiendo por el suelo. La dura chica echó a correr hacia él para tratar de ayudarle, pero a mitad de camino detuvo su carrera cuando vio aparecer a hurtadillas de la parte posterior de la cabaña la oronda figura de Bubba, que apuntaba con su pistola a todas partes.
Brandi se ocultó tras un matorral para que este no la viese, y cuando hubo girado por el lateral del refugio, ella le siguió. Con extremo cuidado, se fue acercando por su espalda. Bubba estaba inmóvil, apuntando con su rifle y mirando cómo se quemaba Marvin, que ya no gritaba. La chica se colgó el rifle del hombro, sacó su pistola, la amartilló y salió desde detrás del guardabosques encañonándolo. El semblante de este se tornó en sorpresa en décimas de segundo.
- Tira el arma. - Bubba obedeció de inmediato y Brandi prosiguió con desprecio - Has matado al viejo por proteger a un indigente de mierda.
- Bran, no te precipites, deja que te explique - casi suplicaba tembloroso Bubba.
- Vas a pagarlo caro, puto gordo. Andando - le apremió para que saliese a la explanada.
El fuerte olor a carne quemada dominaba el ambiente. En el instante en que quedaron iluminados por las llamas, Chazz apareció desde el linde con los árboles.
- Bien hecho, Bran. -
- ¿Bien hecho?, ¿dónde coño estabas?, ¿por qué no has ayudado a Marvin? -
- Porque no soy tan tonto como para salir a una explanada y exponerme a los disparos. Cometió un error y lo ha pagado caro. -
Brandi se mordió el labio y miró de reojo hacia el amasijo negruzco en que había quedado convertido Marvin. Chazz cruzó un instante la mirada con Bubba y volvió a reparar en la chica.
- Dime, ¿dónde está el negro? -
- Escapó hacia la montaña. Iba siguiéndole, pero entonces oí gritar a Marvin y al volverme lo vi envuelto en llamas - y con ira apuntó el cañón de su pistola hacia la nuca de Bubba diciendo - ¡porque este cabrón le disparó! -
En ese momento, Chazz también apuntó su pistola hacia la cara de Bubba y dijo:
- Tranquila Bran, recibirá su merecido. Ven aquí. -
La muchacha se acercó a él y este, sin dejar de mirar al guardabosques, le volvió a comentar:
- Date la vuelta y mira de frente a este tipo antes de morir. -
La mirada de Brandi desprendía fuego encolerizado. Chazz apretó con fuerza su hombro con la mano y sentenció, mientras una extraña sonrisa socarrona se materializó en la boca de Bubba:
- Adiós Brandi. -
La chica alzó la vista con los ojos muy abiertos hacia Chazz, y en ese instante tres proyectiles de la Winchester Magnum atravesaron su espalda saliéndole por el pecho.
El cuerpo de la muchacha cayó a plomo al suelo. De su boca, emanaba un líquido denso y rojizo oscuro, mezcla de sangre y de la saliva por el tabaco de mascar.
- ¿Por qué coño has salido de la cabaña, idiota?, ¡casi te mata!... La envié a cubrir la retaguardia para quitártela de encima, mientras yo me encargaba del viejo y aseguraba la zona. Por suerte, decidió traerte hacia aquí en vez de dispararte en el acto. -
- Pensé que quizás alguno de ellos intentase quemar la cabaña para hacerme salir. Y por cierto, ¿dónde está TJ? -
- Muerto. Esa maldita osa nos hizo parte del trabajo, pero me dio un susto de cojones. -
- Así que os habéis cruzado con ella como yo sospechaba, ¿verdad? -
- Sí, tras atacar a TJ, Brandi le disparó y ella huyó herida. No sé la gravedad, pero probablemente no la volvamos a ver. Y en cuanto a TJ, yo solo le rematé de un tiro en la nuca. Estos dos querían largarse a un hospital con él, ¡figúrate! -
- ¡Qué tontería!, si no lo hubieses rematado tú, Shelby jamás habría permitido que saliese de aquí. A estas horas, si su herida no es demasiado grave, ya se estará cenando al cowboy. -
- Bueno, de una u otra forma, hasta el momento todo está saliendo según lo planeado.
Estos tres paletos ya no podrán delatarnos, cosa que habrían hecho a buen seguro tarde o temprano.
Ya incluso empezaban a mostrar síntomas de arrepentimiento. No me los quiero imaginar bajo los focos en un cuartillo de comisaria y siendo interrogados. Lo cantarían todo en minutos.
Lo que siento es lo de Dyami. Era el único inteligente y totalmente leal hasta las últimas consecuencias. -
- Sí, ya me lo ha contado el tal Eddie, pero creo que si se expuso en mitad de un estuario, con un tipo herido ante sí, donde solo faltaba hacer sonar la campana de la comida para los osos, entonces no era un indio inteligente. -
- Ya, pero se suponía que seríamos tres para darle caza al negro, una vez nos deshiciéramos de los otros tres, y además era un gran rastreador. -
- No te preocupes Chazz, ese muchacho no está acostumbrado a moverse en un lugar así. Además, le he mandado hacia la montaña, podremos acorralarle allí. -
- Antes de ir a perseguirle, vamos a ocultar los cadáveres y a apagar el fuego. Es poco probable que venga alguien durante la noche, pero en caso de hacerlo, no quiero que encuentre algo así. -
- Yo no estaría tan seguro de eso. –
- ¿Qué quieres decir? - indagó Chazz sobresaltándose.
- Que tuve que llamar a los chicos al centro. -
- ¿Por qué coño has hecho eso? -
- Por varias razones. Primero, el negro estaba delante y no pedir auxilio era demasiado sospechoso. Segundo, porque si no aparezco en toda la noche, se preocuparán y nos podrían sorprender. Y tercero, porque así teníamos la coartada perfecta, ya que seríamos nosotros mismos los que llamásemos a la policía, con lo que estarías libres de sospecha. -
- Eres idiota. -
- ¿Por qué? - preguntó Bubba contrariado.
- ¿Qué ocurrirá si el negro se nos resiste más de la cuenta y no podemos matarle antes de que llegue la policía?... ¡Lo contará todo e iremos a la cárcel! -
- Pero, ¿cómo va a escapar de nosotros? ¡Vamos, Chazz, ese chico ya está sentenciado! –
- Más nos vale que así sea. -
- Además, la emisora es una mierda y no me escuchaban, se entrecortaba constantemente. A estas horas estarán esperando a que les vuelva a llamar, y en el peor de los casos tampoco pueden enviar a Roger con el helicóptero con este tiempo, así que esperarán a mañana por la mañana. -
- ¿Estás seguro de eso?, ¿no vendrán a echar una ojeada? -
- ¿Venir esos aquí, de noche, con mal tiempo y con lo que les gusta estar acomodados en la oficina sin hacer nada? Imposible, ya te lo digo yo. -
- Puede que tengas razón, pero si por un casual vienen, ya sabes lo que les va a pasar, ¿verdad? -
Bubba asintió con la cabeza asimilando la situación. Para cambiar de tema, tratando de distender la tensión de Chazz, le preguntó:
- Por cierto, ¿cómo has conseguido que el gasoil ardiese?, eso no es el vapor de gasolina que se enciende con una chispa, el gasoil solo arde por compresión, hay que calentarlo para que arda. -
- Muy fácil, con esto - y Chazz sacó una bala de su pistola. -
- Sí, una bala, ¿y qué?, sigue siendo encender una chispa y eso no sirve para hacer arder el gasoil. -
- No son balas normales - comenzó a decir el rubio - van recubiertas con una película de fósforo, lo que las hace prender fuego en contacto con el aire y llegan prendidas al objetivo, de ahí que el gasoil haya podido arder. Eso sí, antes he tenido que disparar con el rifle y agujerear el depósito justo cuando pasaba Marvin, y que el líquido le salpicara e impregnara sus pies, porque de haber disparado directamente al tanque con estas balas, tampoco habría servido de nada, ya que el gasoil no genera vapor a temperatura ambiente como la gasolina y es prácticamente ignífugo. -
- ¡Vaya! - dijo sorprendido Bubba - parece que tu adiestramiento militar aún permanece fresco en tu cabeza, tío. -
- Venga, pospongamos la charla para otro momento. Ha dejado de llover y tenemos un escurridizo negro al que cazar. En marcha. -


(CONTINUARÁ...)


Pepe Gallego

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"Sin aliento" (Cap.5 "El refugio") por Pepe Gallego se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.